lunes, 25 de mayo de 2015

Poner límites a los niños no les traumatiza

Por Sara Tarrés:

“Somos muchos los padres que aún pensamos y creemos que poner límites a los niños es necesario para una buena educación, que tener y establecer unos límites claros en la familia y fuera de ella no les traumatiza ni les desequilibra. Es más, somos muchos los que creemos que los límites les ayudan a encontrar el equilibrio emocional que precisan para crecer. Sí, yo soy de la opinión y creo firmemente que los niños necesitan límites y normas en sus vidas y que a la larga no les genera ningún trauma si no todo lo contrario.

Mª Luisa Ferrerós en su libro “Castigado ¿es necesario?“, del que os he hablado recientemente, hace una reflexión muy acertada que yo comparto al 100% y dice algo similar a lo que yo expongo en la siguiente frase.

De igual modo que no dejamos que nuestros hijos de 7 años cojan las llaves de nuestro coche y se vayan a dar una vuelta porque no tienen las habilidades ni la madurez suficiente para hacerlo, tampoco deberíamos permitir que sean ellos quienes manejen nuestras vidas y que hagan todo cuanto quieran y deseen por la misma razón: no tienen la capacidad de razonamiento suficiente para saber qué, cómo ni por qué de muchas cosas. Esto nos atañe a lo padres, enseñar día a día qué, cómo y cuando además de por qué sí o por qué no.

desorden y niños.

Los niños pequeños no deberían decidir qué hacemos, cómo lo hacemos o dónde vamos.  Sí, cierto, sí debemos tenerlos en cuenta. Sí, podemos negociar algunas cosas pero quien tiene la última palabra siempre debe ser papá o mamá. Y decir no, poner límites, establecer normas, no generarán un trauma en nuestros hijos, todo lo contrario.  Los padres y madres lo deberíamos tener más claro, y digo esto porque creo que en algunos casos hemos perdido el sentido común y  a veces parece que tengamos que ser nosotros,  los padres, quienes debamos pedir permiso a nuestros hijos para hacer determinadas cosas o ir a determinados lugares. Llegados a este punto, vamos a hacer un alto en el camino y poner algo más de juicio al asunto.

Querer a nuestros hijos no significa dárselo todo, hacer todo cuanto nos piden y además de forma inmediata. No, no debemos confundirnos, nuestros hijos necesitan de unos padres que les guíen, que les eduquen, que les muestren la diferencia de lo bueno y de lo malo, que les digan no y que les enseñen el valor de las cosas, que aprendan el significado del esfuerzo y que en la vida no hay nada fácil. Poner límites no genera traumas ni graves problemas, el exceso de permisividad, el autoritarismo y la sobreprotección, sí.”

Fuente: http://www.mamapsicologainfantil.com/2015/05/poner-limites-a-los-ninos-no-les-traumatiza/

sábado, 16 de mayo de 2015

Neuroeducación, o cómo educar con cerebro

“Los recientes descubrimientos acerca de cómo funciona el cerebro están arrojando luz sobre los procesos de aprendizaje. Entender mejor cómo adquirimos nuevos conocimientos puede ayudarnos a mejorar las escuelas y el sistema educativo. Científicos y maestros comienzan a ir de la mano.

Si pudiéramos colarnos de puntillas en una clase de literatura de una escuela finlandesa, tal vez pensaríamos que los niños están en el recreo o haciendo una pausa. Porque no nos encontraríamos al profesor en la tarima explicando la obra de, pongamos por caso Shakespeare, y a los chicos tomando apuntes y escuchando. Nada eso. Muy probablemente, veríamos a los alumnos repartidos en pequeños grupos elaborando listas de música que funcionen de banda sonora para expresar los sentimientos de los personajes de Hamlet. O de Romeo y Julieta.

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Es sólo un ejemplo real de algo que la ciencia ahora ha demostrado y que muchos profesores y educadores ya comenzaron a intuir hace tiempo: que no aprendemos a base de memorizar conceptos, repitiendo y repitiendo, sino de hacer, de experimentar y, sobre todo, de emocionarnos. Y que si aprendemos en grupo, esos conocimientos perduran con mayor intensidad en la memoria.”

LEER ARTÍCULO COMPLETO

 

Fuente: https://cristinasaez.wordpress.com/2014/10/06/neuroeducacion-o-como-educar-con-cerebro/

sábado, 11 de abril de 2015

Autoestima infantil: 15 recomendaciones

Aquí tenéis algunas recomendaciones para fomentar la autoestima de los peques:

    • Estar presentes, tenerle en cuenta. Dedícales tiempo exclusivo, escúchales con atención cuando te hablen, mirándoles, dando muestras de que escuchas y te interesas.
    • Dales responsabilidades, fomenta su autonomía. Hay muchos aspectos de la vida cotidiana de un niño en que se le puede ofrecer autonomía. Por ejemplo, en sus hábitos diarios de higiene, alimentación, sus obligaciones, en la gestión de su tiempo de ocio… Déjales tomar pequeñas decisiones y elegir entre diferentes opciones acordes a su edad.
    • Facilita situaciones donde pueda relacionarse con diferentes niños.

    • Establece límites y sé consistente con ellos. Los límites dan seguridad, marcan el camino y los niños los necesitan.
    • No compares. Ni de forma negativa ni positiva. Le quieres y valoras por ser él mismo, no por ser mejor ni peor que otros.
    • No le etiquetes. Las etiquetas ( “el listo”, “el vergonzoso”, “el revoltoso”…) tanto en positivo como en negativo son perjudiciales. Una etiqueta en positivo puede generar ansiedad en el niño intentando cumplir siempre con tus expectativas y sintiéndose muy mal cuando no lo consigue.
    • Cuando tenga un mal comportamiento juzga las conductas y no al niño, no es lo mismo decir “que malo eres” que “está mal que empujes a ese niño”.
    • Déjale probar, explorar cosas nuevas, equivocarse. No le des las soluciones de manera inmediata, deja que lo intente y si fracasa normalízalo y hablad de qué podíamos haber hecho de manera diferente. Reconozcamos nuestros propios errores. Sé lo más específico posible a la hora de hacer halagos, es preferible decir “Me gusta mucho como has recogido todos tus juguetes” que “te has portado bien”. Es importante que el niño sepa exactamente qué es lo que te ha gustado y además son halagos más creíbles. No exageres.
    • Valora sobretodo el esfuerzo, no te limites a premiar el logro.
    • No le sobreprotejas. Mostrar excesivamente nuestro miedo a separarnos, a que intenten cosas nuevas… le puede trasmitir inseguridad.
    • No le critiques delante de otros, aunque parezca que no escucha.
    • Valida sus emociones.
    • Si tienes más hijos, intenta buscar, de vez en cuando un espacio individual a uno.
    • Y sobre todo, fomenta tu propia autoestima y autocuidado pues eres el mejor ejemplo que puede seguir.

 

lunes, 30 de marzo de 2015

No hagas los deberes a tus hijos: lee con ellos

Maite Gutiérrez en “La Vanguardia”:

El debate sobre los deberes escolares no tiene fin. En diciembre era la OCDE, a través de los datos del informe Pisa, quien aseguraba que dedicar más de cuatro horas semanales a estas tareas es ineficaz y apenas tiene frutos positivos en los resultados finales. Además, argumentaba la organización, agranda la brecha entre los alumnos más desfavorecidos y los que menos.

 
Ahora, otro análisis sobre la participación de los padres en la vida escolar da otra vuelta de tuerca a la cuestión: ayudar a los hijos a hacer los deberes presenta un impacto más bien bajo en el rendimiento académico en comparación con otros factores. En cambio, leer habitualmente con ellos, tener altas expectativas sobre sus posibilidades y, en general, interesarse por lo que hacen en la escuela está relacionado con mejores resultados.


El estudio Participación familiar y rendimiento académico (Educational Research Review), elaborado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, del País Vasco, Internacional de La Rioja y la UNED, ha analizado 37 trabajos publicados sobre esta cuestión entre el 2000 y el 2013 y ha cuantificado el efecto de la implicación de los padres en las notas y el éxito académico de los hijos.


Primera conclusión: un mayor apoyo en las tareas escolares no implica que los niños saquen mejores notas. "Son los estudiantes con mayores dificultades educativas los que necesitan este refuerzo por parte de sus padres, pero no los demás", afirma Enrique Navarro, uno de los autores del estudio e investigador del grupo Neuropsicología Aplicada a la Educación.


"Ayudar a hacer las tareas escolares es positivo cuando el alumno tiene grandes dificultades en la escuela, entonces sí requiere apoyo, ya sea de sus padres o de un profesor", continúa María Castro, autora principal de la investigación. "Pero para el estudiante medio no se ha visto una relación causa-efecto significativa, no es necesario pasarse toda la tarde al lado del niño supervisando sus deberes".


Esta idea plantea la cuestión de qué tipo de tareas encargan los maestros a los niños: ¿Ejercicios repetitivos? ¿Problemas tan difíciles de resolver que requieren la atención de un adulto? Si están planteados para fomentar la autonomía del alumno, ¿no deberían ser capaces de hacerlos por sí mismos?


El estudio sí señala otras cuestiones con más impacto sobre los resultados. El primero, la lectura habitual con los hijos. Contribuye a desarrollar el gusto por los libros y a ampliar el vocabulario y la compresión lectora. Segundo, las expectativas que se ponen sobre ellos. No en el sentido de creer que son mejores que los demás, sino que pueden lograr lo que se propongan. Y tercero, mostrar interés por lo que hacen en la escuela o el instituto, cómo se encuentran en clase, qué estudian, quiénes son sus amigos, qué les gusta y qué no. El efecto de la implicación familiar aumenta con la edad de los hijos: en secundaria, más importante.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/vida/20150314/54428137509/no-hagas-deberes-hijos-lee.html

viernes, 6 de febrero de 2015

lunes, 12 de enero de 2015

¡Mamá, me aburro!

Por Dra. Laura Markham, Psicóloga Clínica por la Universidad de Columbia y madre de dos hijos:

“¡Mamá, me aburro!

Esta expresión te hace sentir en un aprieto, ¿verdad? La mayoría de nosotros nos sentimos responsables cuando escuchamos estas palabras a nuestros hijos y queremos solucionar su “problema” inmediatamente. Respondemos a su aburrimiento ofreciéndoles entretenimientos tecnológicos o actividades estructuradas. Pero esto, en realidad, es contraproducente. Los niños necesitan tropezarse y comprometerse con la cruda materia de la que la vida está hecha: el tiempo no estructurado.

¿Por qué el tiempo no estructurado es tan importante para los niños?
El tiempo no estructurado da a los niños la oportunidad de explorar su mundo interno y externo, lo cual es el comienzo de la creatividad. Esta es la manera en la que aprenden a comprometerse con ellos mismos y con el entorno, a imaginar, inventar y crear.

El tiempo no estructurado también desafía a los niños a explorar sus propias pasiones. Si les mantenemos ocupados con clases y actividades estructuradas, o si “llenan” su tiempo con entretenimientos de pantalla, nunca aprenderán a responder a las señales de su propio corazón, que podría llevarles a estudiar las imperfecciones de la acera, a construir un fuerte en el jardín de atrás, a modelar un monstruo de arcilla, a escribir un cuento o una canción o a organizar a los niños del barrio para rodar una película. Estas llamadas de nuestro corazón son las que nos dirigen a las pasiones que darán sentido a nuestras vidas, y están a nuestra disposición desde el comienzo de nuestra infancia, cuando tenemos rienda suelta para explorar y perseguir aquello donde nuestro interés nos lleve.

Es también esencial para los niños el tener la experiencia de decidir por si mismos como usar los periodos de tiempo no estructurados, o nunca aprenderán a manejarlos. Uno de nuestros mayores desafíos como adultos, o incluso como adolescentes, es aprender a manejar bien nuestro tiempo.

Como Nancy H.Blakey dijo, “prevé el tiempo gastado en televisión y actividades organizadas y déjales en cambio gastarlo en apelar a su imaginación. Si una cosa no puede ser imaginada primero (una tarta, una relación, una cura para el SIDA…), no podrá existir. La vida está unida a lo que podemos imaginar. No puedo sembrar la imaginación en mis hijos. Puedo, sin embargo, proveerles de un entrono donde su creatividad no signifique otro desastre que limpiar sino la evidencia de una exitosa lucha contra el aburrimiento. Es posible que el aburrimiento nos entregue la mejor parte de nosotros mismos, la que desea el riesgo, la iluminación y la belleza indescriptible. Si nos quedamos sentados quietos el tiempo suficiente, podremos oír la llamada escondida detrás del aburrimiento. Con práctica, podremos tener la imaginación suficiente para salir del vacío y contestar.”

¿Por qué el “me aburro” se convierte en un freno constante para tantos niños?
La mayoría de los niños, si se les da tiempo no estructurado y tras alguna pequeña queja, aprovechan la oportunidad y encuentran algo interesante que hacer con él. Los niños siempre son felices al máximo con juegos autodirigidos. Esto es así porque jugar es su “trabajo”. Es como resuelven emociones y experiencias que han tenido. Observa cómo juega cualquier grupo de niños (en el exterior, donde no hay posibilidad de pantallas). Se organizarán entre ellos para una actividad de cualquier tipo, la construcción de un dique en el arroyo, cualquier juego de emulación o viendo quien salta más lejos.

Cuando los niños no son capaces de encontrar algo que hacer, usualmente es porque:

  1. Están tan acostumbrados a los entretenimientos de pantalla que no tienen práctica en mirar dentro de ellos mismos en busca de directrices.
  2. Su tiempo es siempre tan estructurado que no están acostumbrados a encontrar cosas divertidas que hacer con su “tiempo libre”.
  3. Necesitan atención de los padres. Todos los niños necesitan encontrarse con sus padres a lo largo del día para “recargarse”.

Desafortunadamente, nuestra sociedad está creando toda una generación de niños adictos a las pantallas. Esto es debido a que la electrónica (Ipads, teléfonos, ordenadores, game boys…) está diseñada para producir pequeños premios, en forma de dopamina en nuestros cerebros, mientras interactuamos con ellos. Esta es una sensación tan agradable que, en comparación, otras empalidecen.

Pero los niños necesitan todo tipo de experiencias: desde construir con bloques (habilidades motoras, habilidades perceptivas), relacionarse con otros niños (aprendiendo como llevarse y compartir con otros) hasta actividades creativas (convirtiéndose en un “hacedor”, no en un observador pasivo). Los niños también necesitan estar físicamente activos o no pueden concentrarse para aprender. Es por esto por lo que es necesario limitar el tiempo ante la pantalla.

Cuando los niños dicen que están aburridos, ¿cómo deberíamos nosotros (los padres) responder?
Primero, deja lo que estés haciendo y céntrate de verdad en tu hijo durante cinco minutos. Si utilizas este tiempo para conectar, charlar y haceros mimos, tu hijo probablemente conseguirá la “recarga” que necesita y se irá por su camino con bastante rapidez.

Si no se suelta de tu lado, y necesitas volver al trabajo después de unos minutos de auténtica conexión, ten en consideración que quizá necesita un poco más de tiempo contigo. La mayoría de ocasiones en que los niños se muestran “quejicas” e incapaces de concentrarse se debe a que necesitan más tiempo de conexión profunda con nosotros. Ofrécele involucrarse en lo que estás haciendo o tómate un descanso de tu trabajo y haced algo juntos.

Una vez que estés seguro de que tu hijo tiene su “tanque de amor” completamente lleno, puedes volver a la pregunta “qué hacer”. Para entonces, probablemente él ya tenga algunas ideas de cosas que le gustaría ir a hacer. Si no, dile que imaginarse cómo disfrutar de su tiempo es su trabajo, pero que te encantaría ayudarle con una lluvia de ideas sobre posibles actividades.

¿Qué ocurre cuando los niños de verdad necesitan ayuda para conseguir encontrar una actividad que rompa con su aburrimiento? ¿Cómo ayudar mientras les sigues haciendo responsables de seguir ocupados/comprometidos con su tiempo libre?
La mayor parte del tiempo, dejando a los niños con sus propios recursos acaban encontrando algo interesante, pero a veces realmente necesitan nuestra ayuda, especialmente si de pronto tienen más tiempo entre sus manos que de costumbre o si estás limitando la televisión y la electrónica por primera vez. (Una vez que los niños se acostumbran a estas limitaciones se convierten en expertos en entretenerse a ellos mismos y se vuelven más creativos a la hora de jugar.)

Incluso si tienes que ayudar a tu hijo a pensar en alguna cosa que hacer, pásale la responsabilidad creando el Tarro del Aburrimiento, lleno de ideas escritas en trozos de papel. Cuando diga que se aburre, tendrá que coger tres papelitos del tarro y elegir una de las actividades. Aquí tienes algunos ejemplos de ideas que podrían estar en su Tarro contra el Aburrimiento:

  • Escribir una carta a la abuela
  • Correr dando vueltas al jardín tres veces
  • Poner algo de música y bailar
  • Escribir en un papel diez cosas que te gustan de cada miembro de tu familia
  • Cepillar al perro o darle un baño
  • Buscar formas en las nubes
  • Ver cuántas veces puedes acertar en la canasta de baloncesto
  • Hacer un dibujo
  • Lavar el coche
  • Planear una caza del tesoro con pistas
  • Montar en bici
  • Hacer un paisaje en una caja de cartón
  • Empezar un diario
  • Hacer papel de regalo casero
  • Organizar tu habitación
  • Escribir un cuento
  • Crear una obra de teatro con disfraces
  • Recortar fotos de revistas y hacer un collage
  • Sorprender a mamá haciendo la comida
  • Hacer un zoo con los peluches
  • Hacer y decorar un calendario, marcando las fechas importantes
  • Poner zumos y frutas cortaditas en moldes de hacer hielo y hacer cubitos de frutas
  • Crear un periódico familiar
  • Hacer un postre
  • Comenzar una colección (hojas, piedras, botones…)
  • Colgar una cuerda de tender la ropa en tu habitación y enganchar fotos de ella con clips para hacer un álbum
  • Inventar una actuación de circo
  • Hacer que tu habitación sea una selva
  • Hacer un recorrido de obstáculos
  • Hacer un mantel de juegos (solo hay que plastificarlo en alguna copistería de la zona)
  • Escribir un poema
  • Decorar alguna camiseta vieja con botones chulos
  • Empezar un club (de niños)
  • Usar tubos viejos de cartón y cajas para hacer un laberinto fantástico
  • Hacer arte aprovechando bisuterías o joyas antiguas
  • Leer un libro
  • Hacer una pelea de globos de agua (¡en el exterior!)
  • Memorizar un poema y recitárselo a tus padres
  • Hacer un barquito con una botella de plástico y palitos de helados (usar cinta adhesiva para pegar) y hacerlos flotar en el estanque
  • Dibujar una isla desierta y todas las cosas que te llevarías
  • Tapar los ojos a tu hermano o hermana y llevarle a dar una vuelta por la casa y el jardín, y luego intercambiaros
  • Jugar a algún juego de mesa
  • Crear tu propio juego de mesa
  • Intentar pintar un dibujo con tu pié
  • Pintar en la acera con tiza
  • Jugar al truquemé
  • Jugar a saltar a la cuerda
  • Jugar con pompas en el lavabo
  • Quitar las malezas del jardín
  • Limpiar el espejo con una esponja
  • Hacer un libro de chistes
  • Construir un fuerte con sábanas y almohadas
  • Hacer muñecos con calcetines viejos y botones
  • Hacer una lista de cosas divertidas que harías con un adulto

Si realmente parece que no encuentra nada que hacer, ¿es el uso de aparatos electrónicos y televisión una solución aceptable?
El problema de usar la televisión o juegos electrónicos para aliviar el aburrimiento es que es una de las soluciones que te mete en un agujero más profundo. Existen estudios que muestran que los niños que juegan habitualmente con consolas se van a sentir aburridos más a menudo que otros niños. Incluso después de eliminar el hábito, puede ser que pasen meses antes de que encuentren otras actividades que les apasionen. Pero, ¡no te rindas! Estas haciendo a su creatividad un enorme favor.

Si tu hijo sabe leer, nunca hay “nada” que hacer. Hay un mundo entero de libros esperándole. Por supuesto necesitarás una visita semanal programada a la biblioteca para encontrar esos libros. Y tendrás que “enganchar” a tu hijo a la lectura comenzando a leer con él. Elige un libro que pueda leer, pero que quizá no eligiese por sí mismo. Un libro sencillo por capítulos en vez de un libro de dibujos, por ejemplo. Leed juntos hasta que tengas que contestar una llamada de teléfono o tengas que comenzar a preparar la cena, pero por lo menos un cuarto de libro para que tu hijo se quede enganchado. Entonces, dile que es el momento de que siga leyendo solo. Es su elección. ¿Quiere seguir leyendo el libro que estabais leyendo juntos o prefiere leer otra cosa? La mayoría de los niños cogerá el libro y lo terminarán por sí mismo. (Y, si no lo hace, tendrás que elegir un libro de un nivel un poco inferior la próxima vez.) Sigue eligiendo cada vez libros más grandes, ligeramente más difíciles.

Si tu hijo SABE leer pero ya ha estado leyendo todo el día, necesita un descanso, tú has pasado ya media hora con él y no puedes pasar más tiempo, no hay compañeros de juego disponibles y además no encuentra nada que le interese en el tarro del aburrimiento, necesita un proyecto especial con el que entusiasmarse. Es el momento de sacar algo que hayas estado guardando. En mi caso eran palillos de dientes, nubes y gominolas con las que se podían construir maravillosas esculturas y que, por supuesto, tenían el atractivo especial de que algunas encontraban su camino a pequeñas bocas que no estaban acostumbradas a tomar demasiado azúcar. Quizá tú no elegirías esto mismo, pero para todos los niños existe algo que encontrarán fascinante durante media hora y que podrías tener preparado para situaciones de emergencia.

Si tu hijo no sabe leer aún pero tú estás disponible, hay miles de cosas maravillosas que puedes hacer con él. Es posible que justo cuando esté llorando te quedes en blanco, así que es buena idea que tengas una lista hecha de antemano. Te recomiendo encarecidamente juegos que estén diseñados para acercarte a tu hijo porque estos llenarán sus necesidades, después de lo cual le resultará más fácil encontrar alguna otra cosa que hacer. (También os ayudan a profundizar en la relación, lo que hace a los niños mucho más cooperativos y os hace a los dos más felices.)

Así es que esos momentos en los que realmente no hay “nada” que hacer se dan básicamente cuando tu hijo aun no sabe leer lo suficientemente bien como para estar entretenido una hora y tú estas ocupada. Si puedes incluir a tu hijo en tu actividad, el problema está resuelto. A los niños pequeños les encanta limpiar las ventanas, hacer la cena, ayudarte a doblar la colada, etc. Si no se les puede implicar directamente (por ejemplo, porque estás removiendo la comida en el fuego o cortando cebolla), colócalos en una mesa de su tamaño a tu lado en la cocina, dales un cuchillo de plástico y algo de fruta, y déjales hacer macedonia para el postre. No habrás visto jamás un niño tan orgulloso. O déjales limpiar con agua la terraza mientras tú pasas la aspiradora dentro de casa. O que limpien el armario donde están las ollas y las sartenes.

Pero ahora imaginemos que estás haciendo algo en lo que de verdad no te puede ayudar, como dando de mamar al bebé para que se duerma, y necesitas que tu pequeño esté ocupado y tranquilo. Esto es ciertamente un desafío. Los niños en edad preescolar generalmente estarán encantados de entretenerse una hora entera con arena y agua (colócales en el baño una bañerita de bebé con agua, cubiletes, juguetes para escurrir el agua, o una piscina pequeña de plástico con arena).

Pero el problema principal con los niños pequeños es que necesitan supervisión. En este caso, cuando no puedes supervisarles, ¿es tan terrible para un niño de dos o tres años sentarle durante media hora frente a una pantalla? Por supuesto que no. Elige alguna grabación que tenga una duración limitada para que haya un final natural y así te evites peleas cuando la apagues. Además, de paso evitas que vea anuncios. Dale al niño algo para esperar hacer después contigo, como pasar un tiempo especial juntos una vez que el bebé esté dormido. Y asegúrate de apagar la pantalla cuando ya estés disponible, en vez de aprovechar para terminar “solo una cosita más” en tu ordenador. “

Fuente: http://www.crianzanatural.com/art/art180.html

miércoles, 7 de enero de 2015

Mamá también llora. Carta abierta a padres y educadores.

Por Lucía Galán:

“- Mamá, ¿Qué te pasa? ¿Estás llorando?

- No, cariño, es que se me ha metido una motita de polvo en el ojo…

Vivimos en un mundo en el que, ser los primeros, es lo más importante. Examinan a nuestros hijos continuamente y ellos sólo buscan el sobresaliente. Se les prepara para afrontar el éxito, para celebrar los triunfos. Se les repite hasta la saciedad: “No llores. Tienes que ser fuerte. ¡Eres el mejor!”

Hace unos días, me echaba las manos a la cabeza cuando una amiga me comentaba que en el colegio de su hijo hacían olimpiadas de matemáticas con cronómetro en mano y frente a un tribunal; olimpiadas de ciencias, olimpiadas de deletrear y todo ello con niños de apenas 7-8 años. ¿Pero estamos locos o qué?

Por supuesto, el único ganador era el primero…los 25 niños restantes de la clase se veían como perdedores.

¿Qué está pasando? Invertimos años en preparar a nuestros hijos para el éxito y no nos damos cuenta que la vida está llena fracasos, de decepciones, de pequeños y de grandes obstáculos, de momentos de tristeza, de duelo, de soledad. ¿Y eso es signo de debilidad de la especie humana? No; es la vida.

¿De verdad pensáis que los niños de hoy en día están preparados para afrontar dificultades? ¿Es casualidad que pediatras, psicólogos y psiquiatras infantiles cada vez tengamos más casos de depresión infantil y de ansiedad? ¿En qué cabeza cabe que un niño de 9 años se le diagnostique de Depresión o de Trastorno de Ansiedad Generalizada teniéndolo todo, supuestamente, a su alcance? Es evidente que algo no estamos haciendo bien.

Con perdón, me importa un pimiento que mi hijo sea el más rápido en cálculo mental. Lo que no consiento es que se venga abajo por ser el segundo, el tercero o incluso, porque no haya sido seleccionado entre los 10 primeros.

Lo que de verdad me importa, lo que me quita el sueño, en lo que invierto toda mi energía y esfuerzo, es en desarrollar su inteligencia emocional.

Lucho por que sea generoso, porque la empatía sea su  punto fuerte. Me desvivo porque muestre sus emociones, porque me hable de sus debilidades, porque él mismo, encuentre soluciones a sus problemas. Peleo a diario por hacer de ellos personas autosuficientes emocionalmente. No pasa nada por no ser el primero de clase si te has esforzado al máximo.

Premio el esfuerzo, la entrega, la generosidad, la lealtad, la lucha y la solidaridad. Esos son los valores vitales, los valores de vida.

¿Quién les prepara para el fracaso, para la decepción, para el desengaño? ¿Lo habéis pensado alguna vez?

La sociedad recibe con los brazos abiertos a los triunfadores, les prepara para los aplausos. Yo prefiero preparar a mis hijos para las dificultades; fortalecer su autoestima, su capacidad resolutiva, su positivismo, su espíritu de lucha. ¿Por qué valoramos tanto el éxito? Porque antes hemos pasado por un camino más o menos angosto de lucha ¿o no?

No somos máquinas. Nosotros, los padres, no lo somos, lo sabéis muy bien. No pretendas entonces que tu hijo lo sea.

No quiero que mis hijos piensen que su madre es una superwoman, siempre preparada, siempre lista para todo, siempre cantarina y perfecta. ¿Ese es el ejemplo que quiero que sigan? Y si con el paso de los años van encontrando dificultades a lo largo de sus vidas ¿Qué pensarán? “Yo no he sido capaz… Mamá se decepcionaría…No puedo mostrar debilidad. Mi madre siempre ha sido tan fuerte”

Bueno, hijos- les he dicho a mis niños en alguna ocasión- Mamá no es perfecta. Mamá también se equivoca y cuando lo hace, rectifica y pide perdón. Mamá, como todo el mundo, llora cuando está triste. Esto que ves, no es una motita de polvo en el ojo; son lágrimas, cariño”

Quiero que mis hijos vean que su madre es de carne y hueso. Que no se avergüenza por llorar o por estar un poquito triste en circunstancias puntuales, que no se esconde.

Quiero que lo vivan como algo natural… porque cuando a ellos les ocurra se acordarán de mí y lo asumirán como normal. Aceptarán su estado de ánimo y sacarán la fuerza necesaria para superar todo lo que obstaculice el camino hacia su felicidad.

Los hijos no necesitan súper-padres, ni dioses; les da igual que su papá sea médico, abogado, camarero o que esté en el paro. Los hijos quieren un padre y una madre que estén a su lado, que jueguen con ellos, que les expliquen las cosas, que les cuenten historias…que hablen su mismo lenguaje. No quieren que les colmemos de regalos materiales; es mucho más sencillo: sólo quieren tiempo junto a nosotros.

Los niños deben vernos como seres humanos, no como superhéroes, para eso ya tienen las películas. Si te equivocas con tu hijo, no pasa nada, pídele perdón:“Perdona cariño, me he equivocado. ¿Me perdonas? ¿Empezamos de nuevo?”

¿Sabes lo que supone para un hijo que sea el padre o la madre el que le diga eso? No hay mejor ejemplo.

No le des tantas órdenes a tu hijo, no le llenes de reglas. Empieza tú. Elogia su buena conducta con besos, con abrazos, con mucho, mucho cariño. No le premies con excesivos juguetes. Si se ha equivocado, dale la oportunidad de rectificar “Yo también me equivoco, cielo. Vamos a intentarlo de nuevo”.

Enseña a tus hijos a disfrutar de los placeres sencillos, en ellos está la verdadera felicidad. Suelo jugar a mis hijos a un juego que les divierte mucho en la mesa. “Que suerte tengo..”- lo he llamado.

Empiezo yo: “Que suerte tengo que hoy no trabajo y estoy aquí con vosotros desayunando”.

Mi hijo: “Que suerte tengo que mamá hoy me viene a buscar al cole y no cogeré el autobús”.

Mi hija: “Que suerte tengo que me ha tocado la tostada más grande”… Siempre terminamos riéndonos a carcajadas.

Cuéntales historias. Historias reales, de tu trabajo, de tu día a día. Estimula su imaginación, su creatividad, su empatía… Emociónate con ellos. Comparte aquellos vídeos que veas por internet que te hayan llegado hondo. Explícaselos y responde a todas sus preguntas. ¡Te sorprenderás con lo que se les ocurre!

Anímales a que sean emprendedores. A que no tengan miedo a equivocarse, sino a no intentarlo. A rectificar si van por el camino equivocado. A levantarse ellos solos si se caen. A pedir perdón y a aceptarlo también. Contra la frustración: la perseverancia, la constancia.

Y recuerda que educar no es repetir siempre las mismas palabras; educar es enseñarles a soñar, a probar, a crear, a luchar y a creer en ellos mismos.”

Fuente: http://www.piensaesgratis.com/bloggers/mama-tambien-llora-carta-abierta-a-padres-y-educadores

jueves, 11 de diciembre de 2014

La otra Navidad

IKEA España lanzó hace unos días su campaña navideña en la que afirmaban que la Navidad nos desamuebla la cabeza y que no hay nada como el hogar para volvérnosla a amueblar. Pues bien, continuando con el mismo concepto, han lanzado “La otra carta”, un experimento con niños en el que pidieron que escribieran una carta a los Reyes Magos… y otra a sus padres.

La pregunta que la marca de muebles se hace es sencilla: ¿por qué nos empeñamos en regalarle siempre a los pequeños lo que no quieren? Y es que las cosas que pedían en la carta de los Reyes Magos eran bastante diferentes de las que pedían en la carta que escribieron a sus padres: pasar más tiempo juntos, jugar más al fútbol con ellos, cenar más en familia…

La sorpresa llega al final, cuando el entrevistador da a escoger a los niños entre una de las dos cartas si solo pudieran enviar una… ¿Cuál creéis que escogerán?

Fuente: http://lacriaturacreativa.com/2014/12/la-otra-carta-el-experimento-de-ikea-que-demuestra-lo-que-los-ninos-quieren-de-verdad-por-navidad/

sábado, 15 de noviembre de 2014

Cortometrajes para trabajar la Inteligencia Emocional

“Las habilidades prácticas que reúne la Inteligencia Emocional se dividen en cinco áreas: la autoconciencia, la autorregulación, la motivación, la empatía y las destrezas sociales.

Hemos querido centrarnos en la empatía proponiendo la siguiente selección de cortometrajes animados para compartir en el aula, ya sea preescolar o primaria: los estudiantes reforzarán sus habilidades, tomarán conciencia de los sentimientos y las necesidades de los demás.

1.For the birds: Cortometraje de animación de los estudios Pixar que se estrenó en 2000. La trama se desarrolla en un cable telefónico, donde 15 pájaros pequeños comienzan a burlarse de un pájaro de mayor tamaño.

 

2. Chicken or The Egg: Esta propuesta, con tintes románticos y un toque de humor, cuenta la historia de un cerdito al que le apasiona comer huevos. Pero un día se enamora de una gallina y tendrá que elegir, ¿el huevo o la gallina?

 

3. Empathise: Apenas tiene una duración de dos minutos, pero resulta de especial interés para trabajar la empatía con los más pequeños y también concienciarles sobre el cuidado de los animales.

 

4. El poder de la empatía: Es un cortometraje de la doctora en trabajo social Brené Brown, que ha dedicado parte de su trayectoria profesional a estudiar el coraje, la vulnerabilidad o la vergüenza como algunas de las dificultades que impiden que las personas conecten y se comuniquen entre sí.

 

5.Los ojos de Lena: La protagonista de esta historia es Lena, una niña de corta edad que un día visita el zoo en compañía de su madre. Pero el zoo no es el lugar que ella había pensado que sería porque los animales no reciben el trato que deberían. Lena se siente mal y decide que tiene que cambiar las cosas. “

FUENTE: http://www.educacionyculturaaz.com/educacion/cortometrajes-para-trabajar-la-inteligencia-emocional/