sábado, 17 de septiembre de 2016

Regalar emociones

Un artículo de Lucía Galán, pediatra:

“Cuando estábamos a punto de terminar la consulta, la madre le pregunta a su marido.

  • ¿Qué más? ¿Qué más? ¿Se nos queda algo en el tintero? ¿Tú no querías preguntarle lo de los juguetes?
  • ¿Juguetes?- pensé rápidamente.
  • ¡Ah sí! ¡Cierto! Los juguetes. Nuestra hija no puede tener más juguetes, pero es que además no solo no le entran en la habitación sino que además no les hace ni caso. Que se ha portado bien, un juguete; que vienen los abuelos, un juguete; que viene su tío, un juguete… ¡Estoy agobiado! ¡Algo estamos haciendo mal!

No nos damos cuenta pero premiamos continuamente a nuestros hijos con objetos materiales o con comida:

  • Si te portas bien en la consulta, te compraré el huevo kínder- escuché ayer mismo a una madre. Sus palabras me rechinaron tanto como cuando al profesor se le iba la tiza en el encerado y hacíamos todos “Sssssssss” tapándonos los oídos y apretando con fuerza la mandíbula.
  • ¿Te gusta el cochecito que tiene aquí Lucía? Venga, si no lloras, ahora mismo vamos a por uno.
  • Este fin de semana vienen los abuelos, si os portáis bien os comparé un regalo.
  • Papá y mamá se van de fin de semana, si sois buenos os traeremos muchos regalitos.
  • Si sacas buenas notas tendrás lo que pides.
  • Si te comes todo lo del plato, tendrás un premio.
  • Si te callas y dejas de llorar, te daré las galletas de chocolate.

O peor aún, en ocasiones he escuchado:

  • Cariño, anda, haz lo que te he pedido, no me hagas repetírtelo más veces.
  • Vale, mamá, pero ¿Qué me das a cambio?

¿Qué os parece? Vivimos en una sociedad consumista en la que ya no se reparan las cosas sino que simplemente se reemplazan, se compran otras nuevas. Nuestros hijos no valoran la cantidad de juguetes que tienen ni mucho menos el esfuerzo que supone comprarlos. Hace tiempo que me negué a hacer regalos porque sí a mis hijos, o al menos grandes regalos. He descubierto que con los pequeños “detallinos” que les traigo a los niños cada vez que viajo, he hecho de ellos unos fetichistas en potencia.

Ambos tienen una estantería con “recuerdinos”: un imán de un viaje a Barcelona que dice “Los besos, todo lo curan”, un pequeño troll de los deseos para hablar con él por las noches antes de acostarse, una bonita postal que les recuerde el precioso lugar que hemos visitado y al cual quizá no volveremos o un marcapáginas para que, cada vez que leamos un cuento, se acuerden de mí. Aunque lo que más me gusta es regalar experiencias.

  • Chicos, os habéis portado tan bien y mamá está tan contenta que os voy a regalar una tarde de cine juntos! – los niños dan botes de alegría, muchos más que si les hubiese regalado el último modelo de su juguete favorito con el que jugarán dos, a lo sumo 3 días antes de enterrarlo en el “baúl de los juguetes muertos”.
  • ¡Estoy tan orgullosa de ti por el esfuerzo que has hecho que hoy, tú y yo, nos vamos a comer  para celebrarlo!

Tenemos que premiar el esfuerzo más que los resultados, y premiarlo con tiempo juntos, tiempo del bueno, en exclusiva, de calidad.

  • Hoy has hecho todos los pipís en el baño, ¡como los niños grandes! Eso se merece una tarde juntos en el sofá viendo el último capítulo de la patrulla canina! ¿Vamos?

No hay mejor regalo para nuestros hijos que el tiempo.Resultado de imagen de mother daughter moments

Cambiemos el chip, cambia lo material por lo emocional. Hace unos días, mis hijos entraron en mi habitación una mañana de domingo. Intentaron ser todo lo silenciosos que pueden ser unos niños de su edad, que es poco, pero yo me hice la dormida. Cuando sus caritas estaban frente a la mía, cuando pude sentir su respiración sobre mí y sus risas contenidas,  entonces abrí los ojos:

  • ¡Qué sorpresa más bonita! ¡Los dos aquí! ¡Buenos días, chicos!
  • Buenos díassssss- gritaron los dos a la vez.
  • Hoy tenemos un regalo para ti- se adelantó mi hija, la portavoz de la familia.
  • ¿No me digas? – le dije abriendo los ojos de par en par mientras le apartaba un mechón de pelo de la frente.
  • Siiii- añadió mi hijo- ¡te hemos preparado el desayuno!

    Y efectivamente, habían puesto la mesa, con el mantel que a mí me gusta, habían cortado fruta, de aquella manera, pero lo habían hecho; habían tostado hasta el pan y habían intentado incluso hacerme un café en la cafetera aunque de café tenía poco (sospecho que se les olvidó la cápsula). No importaba, me supo a gloria.

    • Se están haciendo mayores- pensé con añoranza mientras saboreaba un café sin café y unas tostadas sin tostar.
    • Es que las sacamos enseguida mami, para que no se nos quemaran- intentó explicarse mi hija.
    • Son las mejores tostadas que he tomado en mi vida, cariño. ¡Gracias por este súper regalo!

    Sus caras no podían reflejar más felicidad, más orgullo, más grandeza. Sí, se sentían grandes porque habían hecho algo grande.

    Así que ya tengo por costumbre cada vez que salimos a comer decir: “venga, hoy salimos a comer, hoy invita mami”. Y realmente lo ven como un regalo y no como un derecho a salir a comer los fines de semana.

    Desde aquí reivindico también los regalos emocionales con nuestras parejas: un fin de semana fuera de casa, una noche por ahí perdidos, una cena sorpresa, un bono canjeable por un buen “masaje casero” (que es gratis); un vuelo low cost a cualquier lugar, ya buscaremos más adelante el hotel, un minicurso de catas de vinos, lo que sea, pero que sea inolvidable.

    Porque una olvida todos y cada uno de los regalos materiales que ha recibido durante sus cumpleaños, pero lo que no olvidamos son los momentos que nos han conmovido, que nos han hecho sentir y que nos han emocionado. Esos permanecen en nuestra memoria intactos, inquebrantables y ajenos al paso del tiempo.”

    Fuente: http://luciamipediatra.com/regalas-juguetes-regalo-emociones/

lunes, 27 de junio de 2016

LOS 4 EXCESOS DE LA EDUCACIÓN MODERNA QUE TRASTORNAN A LOS NIÑOS

Un artículo de Jennifer Delgado Suárez, psicóloga.


“Cuando nuestros abuelos eran pequeños, tenían solo un abrigo para el invierno. ¡Solo uno! En aquella época de vacas flacas, incluso tener un abrigo se consideraba un lujo. Por eso, los niños lo cuidaban como un bien precioso. En aquellos tiempos se solía tener lo mínimo indispensable. Y los niños eran conscientes del valor y la importancia de sus cosas.


Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces y nos hemos convertido en personas más sofisticadas. Nos gusta tener muchas opciones e intentamos que nuestros hijos tengan todo lo que desean y, si es posible, mucho más. Sin embargo, no nos damos cuenta de que al mimarles excesivamente contribuimos a crear un ambiente en el que pueden proliferar los trastornos mentales.


De hecho, se ha demostrado que un exceso de estrés durante la infancia aumenta las probabilidades de que los niños desarrollen problemas psicológicos. Así, un niño sistemático puede ser empujado a desarrollar un comportamiento obsesivo y un pequeño soñador puede perder su capacidad para concentrarse.


En este sentido, Kim Payne, profesor y orientador estadounidense, llevó a cabo un experimento muy interesante en el cual simplificaron la vida de los niños diagnosticados con un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Al cabo de tan solo cuatro meses, el 68% de estos pequeños habían pasado de ser disfuncionales a ser clínicamente funcionales. Además, mostraron un aumento del 37% en sus aptitudes académicas y cognitivas, un efecto que no pudo igualar el medicamento más prescrito para este trastorno, el Ritalin.


Estos resultados son, en parte, extremadamente reveladores y, por otra parte, también son ligeramente atemorizantes ya que nos hace preguntarnos si realmente les estamos proporcionando a nuestros hijos un entorno sano desde el punto de vista mental y emocional.  ¿Qué estamos haciendo mal y cómo podemos arreglarlo?

¿Cuando mucho se convierte en demasiado?
A inicios de su carrera, este profesor trabajó como voluntario en los campos de refugiados, donde tuvo que lidiar con niños que sufrían estrés posttraumático. Payne apreció que estos niños se mostraban nerviosos, hiperactivos y continuamente expectantes, como si algo malo fuera a pasar de un momento a otro. También eran extremadamente cautelosos ante la novedad, como si hubieran perdido esa curiosidad innata de los niños.


Años más tarde, Payne apreció que muchos de los niños que necesitaban su ayuda mostraban los mismos comportamientos que los pequeños que provenían de países en guerra. Sin embargo, lo extraño es que estos niños vivían en Inglaterra, por lo que su entorno era completamente seguro. Entonces, ¿por qué mostraban síntomas típicos del estrés postraumático?


Payne piensa que aunque los niños de nuestra sociedad están seguros desde el punto de vista físico, mentalmente están viviendo en un entorno similar al que se produce en las zonas de conflictos armados, como si su vida peligrara. Estar expuestos a demasiados estímulos provoca un estrés que se va acumulando y obliga a los niños a desarrollar estrategias para sentirse a salvo.


De hecho, los niños de hoy están expuestos a un flujo constante de información que no son capaces de procesar. Se ven obligados a crecer deprisa ya que los adultos colocan demasiadas expectativas sobre ellos, haciendo que asuman roles que en realidad no les corresponden. De esta manera, el inmaduro cerebro de los niños es incapaz de seguir el ritmo que impone la nueva educación, y se produce un gran estrés, con las consecuencias negativas que este provoca.


Los cuatro pilares del exceso
Como padres, normalmente queremos darle lo mejor a nuestros hijos. Y pensamos que si un poco está bien, más será mejor. Por eso, ponemos en práctica un modelo de hiperpaternidad, nos hemos convertido en padres helicóptero que obligan a sus hijos a participar en una infinidad de actividades que, supuestamente, les preparan para la vida.


Por si no fuera suficiente, llenamos sus habitaciones de libros, dispositivos y juguetes. De hecho, se estima que los niños occidentales tienen, como media, 150 juguetes. Es demasiado, y cuando es demasiado, los niños se sienten abrumados. Como resultado, juegan de manera superficial, pierden el interés fácilmente por los juguetes y por su entorno y no desarrollan su imaginación.


Por eso, Payne afirma que los cuatro pilares del exceso sobre los cuales se erige la educación actual de los niños son:
1. Demasiadas cosas
2. Demasiadas opciones
3. Demasiada información
4. Demasiada velocidad


Cuando los niños son abrumados de esta forma, no tienen tiempo para explorar, reflexionar y liberar las tensiones cotidianas. Demasiadas opciones terminan erosionando su libertad y les roba la oportunidad de aburrirse, que es fundamental para estimular la creatividad y el aprendizaje por descubrimiento.


Poco a poco, la sociedad ha ido erosionando la maravilla que implica la infancia, hasta tal punto que algunos psicólogos se refieren a este fenómeno como “la guerra contra la infancia”. Basta pensar que en las dos últimas décadas los niños han perdido una media de 12 horas semanales de tiempo libre. Incluso los colegios y las guarderías han asumido una orientación más académica.


Sin embargo, un estudio realizado en la Universidad de Texas ha desvelado que cuando los niños juegan deportes bien estructurados se convierten en adultos menos creativos, en comparación con los pequeños que han tenido mucho tiempo libre para jugar. De hecho, los psicólogos han notado que la forma de jugar moderna genera ansiedad y depresión. Obviamente, no se trata solo del juego más o menos estructurado sino también de la falta de tiempo.


Simplificar la infancia
La mejor manera de proteger la infancia de los niños es decir “no” a las pautas que la sociedad pretende imponer. Se trata de dejar que los niños sean simplemente eso, niños. La vía para proteger el equilibrio mental y emocional de los niños consiste en educar en la simplicidad. Para lograrlo es necesario:
- No atiborrarles de actividades extraescolares que, a la larga, probablemente no le servirán de mucho.
- Dejarles tiempo libre para que jueguen, preferentemente con otros pequeños o con juguetes que puedan estimular su creatividad, no con juegos estructurados.
- Pasar tiempo de calidad con ellos, es el mejor regalo que pueden hacerles los padres.
- Crear un espacio de tranquilidad en sus vidas donde puedan refugiarse del caos cotidiano y aliviar el estrés.
- Asegurarse de que duermen lo suficiente y descansan.
- Reducir la cantidad de información, asegurándose de que esta sea comprensible y adecuada a su edad, lo cual implica hacer un uso más racional de la tecnología.
- Simplificar su entorno, apostando por menos juguetes y cerciorándose de que estos estimulan realmente su fantasía.
- Disminuir las expectativas sobre su desempeño, dejándoles que sean simplemente niños.


Recuerda que los niños tienen toda la vida por delante para ser adultos, mientras tanto, deja que sean niños y disfruten de su infancia.”

Fuente: http://www.laeducacioncuantica.org/educacioncuantica/SEducacionCuantica?PN=16&PE=2&WEBLANG=1&NOTICIA=526

domingo, 8 de mayo de 2016

Los padres no están para servir a sus hijos. No son sus súbditos

Entrevista muy interesante a la psicóloga infantil Silvia Álava :

“Los padres de hoy lo tienen más difícil que nunca. Porque se les junta que es verdad que están muy preparados a nivel profesional pero luego tienen un nivel de exigencia altísimo. A los padres de hoy en día se les exige prácticamente que sean perfectos en todas las facetas de su vida, incluida la paternidad. Pero es que la sociedad también exige a los niños que sean perfectos. Los niños desde bien pequeños ya tienen que estar apuntados a idiomas, a algún deporte, sacar unas notas estupendísimas… Creo que debemos relajarnos, intentar disfrutar de la paternidad, y que los niños disfruten de la niñez. Los padres deben ya no solo trabajar ese sentimiento de culpabilidad, sino también que somos imperfectos. Deben asumirlo. Lo van a hacer lo mejor posible, pero nunca hay que buscar ser el padre perfecto, porque el padre perfecto y la madre perfecta no existen.”

LEER ARTÍCULO COMPLETO

martes, 3 de mayo de 2016

Cómo potenciar el desarrollo cerebral de los niños

Aquí tenéis un vídeo muy interesante sobre cómo potenciar un correcto desarrollo del cerebro de los niños. Álvaro Bilbao, neuropsicólogo y autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres, explica las cuatro ideas fundamentales para ayudar a nuestros hijos a cuidar su cerebro: el amor, que no debemos confundir con la sobreprotección, el ejercicio físico para oxigenar bien el cerebro, la nutrición neurosaludable y la gestión del estrés y el autocontrol.

Para los que seáis más “visuales” que “auditivos” y preferís leer sobre el tema, aquí tenéis un buen resumen de la ponencia:

http://www.gestionandohijos.com/alvaro-bilbao-neuropsicologo-si-queremos-hijos-felices-hay-que-ensenarles-a-navegar-en-tempestades/

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Jugar afuera cuando hace mal tiempo

Comparto este artículo sobre los beneficios de jugar al aire libre, incluso cuando llueve o hace frío.

“A veces me pregunto cómo puede ser que en un país con el nuestro, al sur de Europa, en el que gran parte del año hace buena temperatura, los niños salgan menos a la calle que en los países nórdicos. Especialmente cuando llueve o hace frío… las calles quedan desiertas de niños. Y, aunque parezca contradictorio o extraño… creo que ese es precisamente el quid de la cuestión, estamos acostumbrados al buen tiempo y en cuanto caen 4 gotas nos encerramos en casa.

El 50% de mi ADN es holandés y he podido comprobar que en ese país, Holanda, los niños están muchísimo más tiempo en el exterior que aquí. Usan menos coche, van siempre en bici incluso cuando llueve, juegan en los parques estén mojados, secos, haga frío o calor… se trata sencillamente de ir vestido adecuadamente y dejar los miedos a los resfriados a un lado (más adelante te digo el porqué).

Es posible que pienses, sobre todo si vives en zonas poco lluviosas de la Península, que para qué van a salir los niños cuando llueve o hace mucho frío, total, son pocos días al año, ya saldrán cuando haga sol. Pero creo sinceramente que es importante que salgan a fuera haga el tiempo que haga, ello les hace más resilientes y adaptables a los cambios en la vida. “Vaya, ¿hoy llueve? Síiiii, bieeen, llueve, podremos saltar charcos, pintar con barro, mojarnos la cara con agua de la lluvia…“. Los niños aprenden así a ver el lado positivo de los cambios de las situaciones, en este caso, el lado positivo de las inclemencias del tiempo.

PERO QUÉ BENEFICIOS TIENE SALIR AFUERA CUANDO LLUEVE O HACE FRÍO?

1. DA LA OPORTUNIDAD A LOS NIÑOS AUTORREGULARSE. Favorecer que los niños jueguen en el exterior en cualquier época del año permite a los más pequeños sentir el frío y el calor, valorar si van demasiado abrigados o demasiado poco, aprendiendo así a vestirse por sí mismos para cada estación.

Además, hace poco leí (no recuerdo dónde, lo siento mucho) que cuando llueve es importante no decir inmediatamente a los niños “coge el paraguas para salir”. Con anunciar que llueve es bastante. Ellos pensarán, entonces, que necesitan un paraguas, un chubasquero, botas… Si deciden salir sin nada, probablemente comprobarán que se están mojando y volverán a buscar lo que necesitan. Es una forma de potenciar su autonomía y de darles la oportunidad de empezar a cuidarse por sí solos.

2. LOS NIÑOS SE VUELVEN MÁS ADAPTABLES Y RESILIENTES. Los estudios que han valorado el aprendizaje en las escuelas del bosque concluyen que el hecho de que los niños desarrollen gran parte del día al aire libre, con independencia de las condiciones metereológicas, hace que éstos sean más resilientes y se adapten mejor a los cambios de la vida, pues aprenden a jugar y desarrollarse aunque las condiciones externas sean cambiantes. Puedes leer más sobre ello aquí y aquí.

3. FOMENTA LA CREATIVIDAD. En un día de lluvia se pueden hacer cosas distintas y las de siempre, se pueden hacer de otra forma. Se dibuja mejor con tronquitos sobre un suelo de tierra mojada que sobre uno seco, por ejemplo.

¿Y qué me decís de la nieve? ¿Cuántas cosas se pueden hacer con ella? Se pueden construir muñecos de nieve, iglús… ¿Y qué sensaciones ofrece? ¡Eso es algo que no se puede perder ningún niño!

4. APRECIAR MEJOR LOS CAMBIOS DE ESTACIONES. Últimamente hay una legión de niños que pasan de casa a la escuela, de la escuela a extraescolares y de ahí a casa de nuevo. Apenas han pisado la calle y mirado hacia el cielo. Viven los cambios de las estaciones a través de los clichés típicos que se transmiten en la escuela o en la decoración de los establecimientos… ¿pero de verdad observan que sucede ahí fuera?

Hay un montón de preguntas qué hacerse al aire libre, para aprender sobre las estaciones. Por ejemplo:

¿Sólo hay hojas marrones en otoño? ¿O sigue habiendo pinos verdes?

¿Cómo sobreviven los animales al invierno? ¿Qué comen? ¿Los hay que duermen hasta primavera?

¿En invierno siempre hace frío o al mediodía puede salir un sol calentito?

¿En qué época del año usan más las botas de lluvia?

5. SE FORTALECE SU SISTEMA INMUNOLÓGICO Y LES PROTEGE DE LOS VIRUS. ¿Sabías que realmente el frío no enferma? Precisamente uno de los motivos que hace que los niños enfermen más en invierno es el hecho de estar encerrados mucho tiempo con otros niños en espacios cerrados y con menor ventilación que en verano. Es un caldo de cultivo estupendo para la propagación de virus. Te enlazo aquí un artículo del blog Bebés y más que habla especialmente sobre el frío y los niños.

Pasar frío sí puede hacer bajar nuestras defensas y entonces somos más vulnerables a los virus, pero si salimos a fuera en invierno bien abrigados no hay que temer (hablo de niños sanos y como norma general). En breve te explico cómo nos vestimos en casa para jugar bajo la lluvia o en el frío.

6. POTENCIA QUE LOS NIÑOS HAGAN EJERCICIO. Ello les ayuda a dormir mejor, reduce la obesidad infantil y mejora el sistema inmune. ¿Qué más se puede pedir?

En resumen, aprovechar la oportunidad que nos brindan los cambios de estaciones para favorecer que nuestros hijos salgan afuera y aprendan a adaptarse a ellos es una gran idea. Los peques serán más resilientes y positivos en la vida. Además, vivimos en un país estupendo, sin el frío realmente peligroso que puede hacer en otras zonas del planeta, pero ni que ese fuera el caso… “los niños crecen sanos alrededor del mundo, vivan en el polo norte, vivan en el desierto o en los trópicos, y lo hacen estupendamente”, como dice Andrew McMartin, de Wildearth.org. Se trata de aprender a valorar cada situación y vestirse adecuadamente.

Espero que os animéis a salir con vuestros peques haga frío o llueva y no por ninguna de las 6 razones anteriores, sino por otra más importante todavía: ¡estrecharéis lazos saltando juntos los charcos más grandes que encontréis! ¿Te atreves a calzarte botas de agua de nuevo?

Abrazo,

Clara”

FUENTE: http://www.tierraenlasmanos.com/razones-para-jugar-afuera-cuando-llueve-o-hace-frio/

lunes, 25 de mayo de 2015

Poner límites a los niños no les traumatiza

Por Sara Tarrés:

“Somos muchos los padres que aún pensamos y creemos que poner límites a los niños es necesario para una buena educación, que tener y establecer unos límites claros en la familia y fuera de ella no les traumatiza ni les desequilibra. Es más, somos muchos los que creemos que los límites les ayudan a encontrar el equilibrio emocional que precisan para crecer. Sí, yo soy de la opinión y creo firmemente que los niños necesitan límites y normas en sus vidas y que a la larga no les genera ningún trauma si no todo lo contrario.

Mª Luisa Ferrerós en su libro “Castigado ¿es necesario?“, del que os he hablado recientemente, hace una reflexión muy acertada que yo comparto al 100% y dice algo similar a lo que yo expongo en la siguiente frase.

De igual modo que no dejamos que nuestros hijos de 7 años cojan las llaves de nuestro coche y se vayan a dar una vuelta porque no tienen las habilidades ni la madurez suficiente para hacerlo, tampoco deberíamos permitir que sean ellos quienes manejen nuestras vidas y que hagan todo cuanto quieran y deseen por la misma razón: no tienen la capacidad de razonamiento suficiente para saber qué, cómo ni por qué de muchas cosas. Esto nos atañe a lo padres, enseñar día a día qué, cómo y cuando además de por qué sí o por qué no.

desorden y niños.

Los niños pequeños no deberían decidir qué hacemos, cómo lo hacemos o dónde vamos.  Sí, cierto, sí debemos tenerlos en cuenta. Sí, podemos negociar algunas cosas pero quien tiene la última palabra siempre debe ser papá o mamá. Y decir no, poner límites, establecer normas, no generarán un trauma en nuestros hijos, todo lo contrario.  Los padres y madres lo deberíamos tener más claro, y digo esto porque creo que en algunos casos hemos perdido el sentido común y  a veces parece que tengamos que ser nosotros,  los padres, quienes debamos pedir permiso a nuestros hijos para hacer determinadas cosas o ir a determinados lugares. Llegados a este punto, vamos a hacer un alto en el camino y poner algo más de juicio al asunto.

Querer a nuestros hijos no significa dárselo todo, hacer todo cuanto nos piden y además de forma inmediata. No, no debemos confundirnos, nuestros hijos necesitan de unos padres que les guíen, que les eduquen, que les muestren la diferencia de lo bueno y de lo malo, que les digan no y que les enseñen el valor de las cosas, que aprendan el significado del esfuerzo y que en la vida no hay nada fácil. Poner límites no genera traumas ni graves problemas, el exceso de permisividad, el autoritarismo y la sobreprotección, sí.”

Fuente: http://www.mamapsicologainfantil.com/2015/05/poner-limites-a-los-ninos-no-les-traumatiza/

sábado, 16 de mayo de 2015

Neuroeducación, o cómo educar con cerebro

“Los recientes descubrimientos acerca de cómo funciona el cerebro están arrojando luz sobre los procesos de aprendizaje. Entender mejor cómo adquirimos nuevos conocimientos puede ayudarnos a mejorar las escuelas y el sistema educativo. Científicos y maestros comienzan a ir de la mano.

Si pudiéramos colarnos de puntillas en una clase de literatura de una escuela finlandesa, tal vez pensaríamos que los niños están en el recreo o haciendo una pausa. Porque no nos encontraríamos al profesor en la tarima explicando la obra de, pongamos por caso Shakespeare, y a los chicos tomando apuntes y escuchando. Nada eso. Muy probablemente, veríamos a los alumnos repartidos en pequeños grupos elaborando listas de música que funcionen de banda sonora para expresar los sentimientos de los personajes de Hamlet. O de Romeo y Julieta.

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Es sólo un ejemplo real de algo que la ciencia ahora ha demostrado y que muchos profesores y educadores ya comenzaron a intuir hace tiempo: que no aprendemos a base de memorizar conceptos, repitiendo y repitiendo, sino de hacer, de experimentar y, sobre todo, de emocionarnos. Y que si aprendemos en grupo, esos conocimientos perduran con mayor intensidad en la memoria.”

LEER ARTÍCULO COMPLETO

 

Fuente: https://cristinasaez.wordpress.com/2014/10/06/neuroeducacion-o-como-educar-con-cerebro/

sábado, 11 de abril de 2015

Autoestima infantil: 15 recomendaciones

Aquí tenéis algunas recomendaciones para fomentar la autoestima de los peques:

    • Estar presentes, tenerle en cuenta. Dedícales tiempo exclusivo, escúchales con atención cuando te hablen, mirándoles, dando muestras de que escuchas y te interesas.
    • Dales responsabilidades, fomenta su autonomía. Hay muchos aspectos de la vida cotidiana de un niño en que se le puede ofrecer autonomía. Por ejemplo, en sus hábitos diarios de higiene, alimentación, sus obligaciones, en la gestión de su tiempo de ocio… Déjales tomar pequeñas decisiones y elegir entre diferentes opciones acordes a su edad.
    • Facilita situaciones donde pueda relacionarse con diferentes niños.

    • Establece límites y sé consistente con ellos. Los límites dan seguridad, marcan el camino y los niños los necesitan.
    • No compares. Ni de forma negativa ni positiva. Le quieres y valoras por ser él mismo, no por ser mejor ni peor que otros.
    • No le etiquetes. Las etiquetas ( “el listo”, “el vergonzoso”, “el revoltoso”…) tanto en positivo como en negativo son perjudiciales. Una etiqueta en positivo puede generar ansiedad en el niño intentando cumplir siempre con tus expectativas y sintiéndose muy mal cuando no lo consigue.
    • Cuando tenga un mal comportamiento juzga las conductas y no al niño, no es lo mismo decir “que malo eres” que “está mal que empujes a ese niño”.
    • Déjale probar, explorar cosas nuevas, equivocarse. No le des las soluciones de manera inmediata, deja que lo intente y si fracasa normalízalo y hablad de qué podíamos haber hecho de manera diferente. Reconozcamos nuestros propios errores. Sé lo más específico posible a la hora de hacer halagos, es preferible decir “Me gusta mucho como has recogido todos tus juguetes” que “te has portado bien”. Es importante que el niño sepa exactamente qué es lo que te ha gustado y además son halagos más creíbles. No exageres.
    • Valora sobretodo el esfuerzo, no te limites a premiar el logro.
    • No le sobreprotejas. Mostrar excesivamente nuestro miedo a separarnos, a que intenten cosas nuevas… le puede trasmitir inseguridad.
    • No le critiques delante de otros, aunque parezca que no escucha.
    • Valida sus emociones.
    • Si tienes más hijos, intenta buscar, de vez en cuando un espacio individual a uno.
    • Y sobre todo, fomenta tu propia autoestima y autocuidado pues eres el mejor ejemplo que puede seguir.

 

lunes, 30 de marzo de 2015

No hagas los deberes a tus hijos: lee con ellos

Maite Gutiérrez en “La Vanguardia”:

El debate sobre los deberes escolares no tiene fin. En diciembre era la OCDE, a través de los datos del informe Pisa, quien aseguraba que dedicar más de cuatro horas semanales a estas tareas es ineficaz y apenas tiene frutos positivos en los resultados finales. Además, argumentaba la organización, agranda la brecha entre los alumnos más desfavorecidos y los que menos.

 
Ahora, otro análisis sobre la participación de los padres en la vida escolar da otra vuelta de tuerca a la cuestión: ayudar a los hijos a hacer los deberes presenta un impacto más bien bajo en el rendimiento académico en comparación con otros factores. En cambio, leer habitualmente con ellos, tener altas expectativas sobre sus posibilidades y, en general, interesarse por lo que hacen en la escuela está relacionado con mejores resultados.


El estudio Participación familiar y rendimiento académico (Educational Research Review), elaborado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, del País Vasco, Internacional de La Rioja y la UNED, ha analizado 37 trabajos publicados sobre esta cuestión entre el 2000 y el 2013 y ha cuantificado el efecto de la implicación de los padres en las notas y el éxito académico de los hijos.


Primera conclusión: un mayor apoyo en las tareas escolares no implica que los niños saquen mejores notas. "Son los estudiantes con mayores dificultades educativas los que necesitan este refuerzo por parte de sus padres, pero no los demás", afirma Enrique Navarro, uno de los autores del estudio e investigador del grupo Neuropsicología Aplicada a la Educación.


"Ayudar a hacer las tareas escolares es positivo cuando el alumno tiene grandes dificultades en la escuela, entonces sí requiere apoyo, ya sea de sus padres o de un profesor", continúa María Castro, autora principal de la investigación. "Pero para el estudiante medio no se ha visto una relación causa-efecto significativa, no es necesario pasarse toda la tarde al lado del niño supervisando sus deberes".


Esta idea plantea la cuestión de qué tipo de tareas encargan los maestros a los niños: ¿Ejercicios repetitivos? ¿Problemas tan difíciles de resolver que requieren la atención de un adulto? Si están planteados para fomentar la autonomía del alumno, ¿no deberían ser capaces de hacerlos por sí mismos?


El estudio sí señala otras cuestiones con más impacto sobre los resultados. El primero, la lectura habitual con los hijos. Contribuye a desarrollar el gusto por los libros y a ampliar el vocabulario y la compresión lectora. Segundo, las expectativas que se ponen sobre ellos. No en el sentido de creer que son mejores que los demás, sino que pueden lograr lo que se propongan. Y tercero, mostrar interés por lo que hacen en la escuela o el instituto, cómo se encuentran en clase, qué estudian, quiénes son sus amigos, qué les gusta y qué no. El efecto de la implicación familiar aumenta con la edad de los hijos: en secundaria, más importante.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/vida/20150314/54428137509/no-hagas-deberes-hijos-lee.html

viernes, 6 de febrero de 2015

lunes, 12 de enero de 2015

¡Mamá, me aburro!

Por Dra. Laura Markham, Psicóloga Clínica por la Universidad de Columbia y madre de dos hijos:

“¡Mamá, me aburro!

Esta expresión te hace sentir en un aprieto, ¿verdad? La mayoría de nosotros nos sentimos responsables cuando escuchamos estas palabras a nuestros hijos y queremos solucionar su “problema” inmediatamente. Respondemos a su aburrimiento ofreciéndoles entretenimientos tecnológicos o actividades estructuradas. Pero esto, en realidad, es contraproducente. Los niños necesitan tropezarse y comprometerse con la cruda materia de la que la vida está hecha: el tiempo no estructurado.

¿Por qué el tiempo no estructurado es tan importante para los niños?
El tiempo no estructurado da a los niños la oportunidad de explorar su mundo interno y externo, lo cual es el comienzo de la creatividad. Esta es la manera en la que aprenden a comprometerse con ellos mismos y con el entorno, a imaginar, inventar y crear.

El tiempo no estructurado también desafía a los niños a explorar sus propias pasiones. Si les mantenemos ocupados con clases y actividades estructuradas, o si “llenan” su tiempo con entretenimientos de pantalla, nunca aprenderán a responder a las señales de su propio corazón, que podría llevarles a estudiar las imperfecciones de la acera, a construir un fuerte en el jardín de atrás, a modelar un monstruo de arcilla, a escribir un cuento o una canción o a organizar a los niños del barrio para rodar una película. Estas llamadas de nuestro corazón son las que nos dirigen a las pasiones que darán sentido a nuestras vidas, y están a nuestra disposición desde el comienzo de nuestra infancia, cuando tenemos rienda suelta para explorar y perseguir aquello donde nuestro interés nos lleve.

Es también esencial para los niños el tener la experiencia de decidir por si mismos como usar los periodos de tiempo no estructurados, o nunca aprenderán a manejarlos. Uno de nuestros mayores desafíos como adultos, o incluso como adolescentes, es aprender a manejar bien nuestro tiempo.

Como Nancy H.Blakey dijo, “prevé el tiempo gastado en televisión y actividades organizadas y déjales en cambio gastarlo en apelar a su imaginación. Si una cosa no puede ser imaginada primero (una tarta, una relación, una cura para el SIDA…), no podrá existir. La vida está unida a lo que podemos imaginar. No puedo sembrar la imaginación en mis hijos. Puedo, sin embargo, proveerles de un entrono donde su creatividad no signifique otro desastre que limpiar sino la evidencia de una exitosa lucha contra el aburrimiento. Es posible que el aburrimiento nos entregue la mejor parte de nosotros mismos, la que desea el riesgo, la iluminación y la belleza indescriptible. Si nos quedamos sentados quietos el tiempo suficiente, podremos oír la llamada escondida detrás del aburrimiento. Con práctica, podremos tener la imaginación suficiente para salir del vacío y contestar.”

¿Por qué el “me aburro” se convierte en un freno constante para tantos niños?
La mayoría de los niños, si se les da tiempo no estructurado y tras alguna pequeña queja, aprovechan la oportunidad y encuentran algo interesante que hacer con él. Los niños siempre son felices al máximo con juegos autodirigidos. Esto es así porque jugar es su “trabajo”. Es como resuelven emociones y experiencias que han tenido. Observa cómo juega cualquier grupo de niños (en el exterior, donde no hay posibilidad de pantallas). Se organizarán entre ellos para una actividad de cualquier tipo, la construcción de un dique en el arroyo, cualquier juego de emulación o viendo quien salta más lejos.

Cuando los niños no son capaces de encontrar algo que hacer, usualmente es porque:

  1. Están tan acostumbrados a los entretenimientos de pantalla que no tienen práctica en mirar dentro de ellos mismos en busca de directrices.
  2. Su tiempo es siempre tan estructurado que no están acostumbrados a encontrar cosas divertidas que hacer con su “tiempo libre”.
  3. Necesitan atención de los padres. Todos los niños necesitan encontrarse con sus padres a lo largo del día para “recargarse”.

Desafortunadamente, nuestra sociedad está creando toda una generación de niños adictos a las pantallas. Esto es debido a que la electrónica (Ipads, teléfonos, ordenadores, game boys…) está diseñada para producir pequeños premios, en forma de dopamina en nuestros cerebros, mientras interactuamos con ellos. Esta es una sensación tan agradable que, en comparación, otras empalidecen.

Pero los niños necesitan todo tipo de experiencias: desde construir con bloques (habilidades motoras, habilidades perceptivas), relacionarse con otros niños (aprendiendo como llevarse y compartir con otros) hasta actividades creativas (convirtiéndose en un “hacedor”, no en un observador pasivo). Los niños también necesitan estar físicamente activos o no pueden concentrarse para aprender. Es por esto por lo que es necesario limitar el tiempo ante la pantalla.

Cuando los niños dicen que están aburridos, ¿cómo deberíamos nosotros (los padres) responder?
Primero, deja lo que estés haciendo y céntrate de verdad en tu hijo durante cinco minutos. Si utilizas este tiempo para conectar, charlar y haceros mimos, tu hijo probablemente conseguirá la “recarga” que necesita y se irá por su camino con bastante rapidez.

Si no se suelta de tu lado, y necesitas volver al trabajo después de unos minutos de auténtica conexión, ten en consideración que quizá necesita un poco más de tiempo contigo. La mayoría de ocasiones en que los niños se muestran “quejicas” e incapaces de concentrarse se debe a que necesitan más tiempo de conexión profunda con nosotros. Ofrécele involucrarse en lo que estás haciendo o tómate un descanso de tu trabajo y haced algo juntos.

Una vez que estés seguro de que tu hijo tiene su “tanque de amor” completamente lleno, puedes volver a la pregunta “qué hacer”. Para entonces, probablemente él ya tenga algunas ideas de cosas que le gustaría ir a hacer. Si no, dile que imaginarse cómo disfrutar de su tiempo es su trabajo, pero que te encantaría ayudarle con una lluvia de ideas sobre posibles actividades.

¿Qué ocurre cuando los niños de verdad necesitan ayuda para conseguir encontrar una actividad que rompa con su aburrimiento? ¿Cómo ayudar mientras les sigues haciendo responsables de seguir ocupados/comprometidos con su tiempo libre?
La mayor parte del tiempo, dejando a los niños con sus propios recursos acaban encontrando algo interesante, pero a veces realmente necesitan nuestra ayuda, especialmente si de pronto tienen más tiempo entre sus manos que de costumbre o si estás limitando la televisión y la electrónica por primera vez. (Una vez que los niños se acostumbran a estas limitaciones se convierten en expertos en entretenerse a ellos mismos y se vuelven más creativos a la hora de jugar.)

Incluso si tienes que ayudar a tu hijo a pensar en alguna cosa que hacer, pásale la responsabilidad creando el Tarro del Aburrimiento, lleno de ideas escritas en trozos de papel. Cuando diga que se aburre, tendrá que coger tres papelitos del tarro y elegir una de las actividades. Aquí tienes algunos ejemplos de ideas que podrían estar en su Tarro contra el Aburrimiento:

  • Escribir una carta a la abuela
  • Correr dando vueltas al jardín tres veces
  • Poner algo de música y bailar
  • Escribir en un papel diez cosas que te gustan de cada miembro de tu familia
  • Cepillar al perro o darle un baño
  • Buscar formas en las nubes
  • Ver cuántas veces puedes acertar en la canasta de baloncesto
  • Hacer un dibujo
  • Lavar el coche
  • Planear una caza del tesoro con pistas
  • Montar en bici
  • Hacer un paisaje en una caja de cartón
  • Empezar un diario
  • Hacer papel de regalo casero
  • Organizar tu habitación
  • Escribir un cuento
  • Crear una obra de teatro con disfraces
  • Recortar fotos de revistas y hacer un collage
  • Sorprender a mamá haciendo la comida
  • Hacer un zoo con los peluches
  • Hacer y decorar un calendario, marcando las fechas importantes
  • Poner zumos y frutas cortaditas en moldes de hacer hielo y hacer cubitos de frutas
  • Crear un periódico familiar
  • Hacer un postre
  • Comenzar una colección (hojas, piedras, botones…)
  • Colgar una cuerda de tender la ropa en tu habitación y enganchar fotos de ella con clips para hacer un álbum
  • Inventar una actuación de circo
  • Hacer que tu habitación sea una selva
  • Hacer un recorrido de obstáculos
  • Hacer un mantel de juegos (solo hay que plastificarlo en alguna copistería de la zona)
  • Escribir un poema
  • Decorar alguna camiseta vieja con botones chulos
  • Empezar un club (de niños)
  • Usar tubos viejos de cartón y cajas para hacer un laberinto fantástico
  • Hacer arte aprovechando bisuterías o joyas antiguas
  • Leer un libro
  • Hacer una pelea de globos de agua (¡en el exterior!)
  • Memorizar un poema y recitárselo a tus padres
  • Hacer un barquito con una botella de plástico y palitos de helados (usar cinta adhesiva para pegar) y hacerlos flotar en el estanque
  • Dibujar una isla desierta y todas las cosas que te llevarías
  • Tapar los ojos a tu hermano o hermana y llevarle a dar una vuelta por la casa y el jardín, y luego intercambiaros
  • Jugar a algún juego de mesa
  • Crear tu propio juego de mesa
  • Intentar pintar un dibujo con tu pié
  • Pintar en la acera con tiza
  • Jugar al truquemé
  • Jugar a saltar a la cuerda
  • Jugar con pompas en el lavabo
  • Quitar las malezas del jardín
  • Limpiar el espejo con una esponja
  • Hacer un libro de chistes
  • Construir un fuerte con sábanas y almohadas
  • Hacer muñecos con calcetines viejos y botones
  • Hacer una lista de cosas divertidas que harías con un adulto

Si realmente parece que no encuentra nada que hacer, ¿es el uso de aparatos electrónicos y televisión una solución aceptable?
El problema de usar la televisión o juegos electrónicos para aliviar el aburrimiento es que es una de las soluciones que te mete en un agujero más profundo. Existen estudios que muestran que los niños que juegan habitualmente con consolas se van a sentir aburridos más a menudo que otros niños. Incluso después de eliminar el hábito, puede ser que pasen meses antes de que encuentren otras actividades que les apasionen. Pero, ¡no te rindas! Estas haciendo a su creatividad un enorme favor.

Si tu hijo sabe leer, nunca hay “nada” que hacer. Hay un mundo entero de libros esperándole. Por supuesto necesitarás una visita semanal programada a la biblioteca para encontrar esos libros. Y tendrás que “enganchar” a tu hijo a la lectura comenzando a leer con él. Elige un libro que pueda leer, pero que quizá no eligiese por sí mismo. Un libro sencillo por capítulos en vez de un libro de dibujos, por ejemplo. Leed juntos hasta que tengas que contestar una llamada de teléfono o tengas que comenzar a preparar la cena, pero por lo menos un cuarto de libro para que tu hijo se quede enganchado. Entonces, dile que es el momento de que siga leyendo solo. Es su elección. ¿Quiere seguir leyendo el libro que estabais leyendo juntos o prefiere leer otra cosa? La mayoría de los niños cogerá el libro y lo terminarán por sí mismo. (Y, si no lo hace, tendrás que elegir un libro de un nivel un poco inferior la próxima vez.) Sigue eligiendo cada vez libros más grandes, ligeramente más difíciles.

Si tu hijo SABE leer pero ya ha estado leyendo todo el día, necesita un descanso, tú has pasado ya media hora con él y no puedes pasar más tiempo, no hay compañeros de juego disponibles y además no encuentra nada que le interese en el tarro del aburrimiento, necesita un proyecto especial con el que entusiasmarse. Es el momento de sacar algo que hayas estado guardando. En mi caso eran palillos de dientes, nubes y gominolas con las que se podían construir maravillosas esculturas y que, por supuesto, tenían el atractivo especial de que algunas encontraban su camino a pequeñas bocas que no estaban acostumbradas a tomar demasiado azúcar. Quizá tú no elegirías esto mismo, pero para todos los niños existe algo que encontrarán fascinante durante media hora y que podrías tener preparado para situaciones de emergencia.

Si tu hijo no sabe leer aún pero tú estás disponible, hay miles de cosas maravillosas que puedes hacer con él. Es posible que justo cuando esté llorando te quedes en blanco, así que es buena idea que tengas una lista hecha de antemano. Te recomiendo encarecidamente juegos que estén diseñados para acercarte a tu hijo porque estos llenarán sus necesidades, después de lo cual le resultará más fácil encontrar alguna otra cosa que hacer. (También os ayudan a profundizar en la relación, lo que hace a los niños mucho más cooperativos y os hace a los dos más felices.)

Así es que esos momentos en los que realmente no hay “nada” que hacer se dan básicamente cuando tu hijo aun no sabe leer lo suficientemente bien como para estar entretenido una hora y tú estas ocupada. Si puedes incluir a tu hijo en tu actividad, el problema está resuelto. A los niños pequeños les encanta limpiar las ventanas, hacer la cena, ayudarte a doblar la colada, etc. Si no se les puede implicar directamente (por ejemplo, porque estás removiendo la comida en el fuego o cortando cebolla), colócalos en una mesa de su tamaño a tu lado en la cocina, dales un cuchillo de plástico y algo de fruta, y déjales hacer macedonia para el postre. No habrás visto jamás un niño tan orgulloso. O déjales limpiar con agua la terraza mientras tú pasas la aspiradora dentro de casa. O que limpien el armario donde están las ollas y las sartenes.

Pero ahora imaginemos que estás haciendo algo en lo que de verdad no te puede ayudar, como dando de mamar al bebé para que se duerma, y necesitas que tu pequeño esté ocupado y tranquilo. Esto es ciertamente un desafío. Los niños en edad preescolar generalmente estarán encantados de entretenerse una hora entera con arena y agua (colócales en el baño una bañerita de bebé con agua, cubiletes, juguetes para escurrir el agua, o una piscina pequeña de plástico con arena).

Pero el problema principal con los niños pequeños es que necesitan supervisión. En este caso, cuando no puedes supervisarles, ¿es tan terrible para un niño de dos o tres años sentarle durante media hora frente a una pantalla? Por supuesto que no. Elige alguna grabación que tenga una duración limitada para que haya un final natural y así te evites peleas cuando la apagues. Además, de paso evitas que vea anuncios. Dale al niño algo para esperar hacer después contigo, como pasar un tiempo especial juntos una vez que el bebé esté dormido. Y asegúrate de apagar la pantalla cuando ya estés disponible, en vez de aprovechar para terminar “solo una cosita más” en tu ordenador. “

Fuente: http://www.crianzanatural.com/art/art180.html

miércoles, 7 de enero de 2015

Mamá también llora. Carta abierta a padres y educadores.

Por Lucía Galán:

“- Mamá, ¿Qué te pasa? ¿Estás llorando?

- No, cariño, es que se me ha metido una motita de polvo en el ojo…

Vivimos en un mundo en el que, ser los primeros, es lo más importante. Examinan a nuestros hijos continuamente y ellos sólo buscan el sobresaliente. Se les prepara para afrontar el éxito, para celebrar los triunfos. Se les repite hasta la saciedad: “No llores. Tienes que ser fuerte. ¡Eres el mejor!”

Hace unos días, me echaba las manos a la cabeza cuando una amiga me comentaba que en el colegio de su hijo hacían olimpiadas de matemáticas con cronómetro en mano y frente a un tribunal; olimpiadas de ciencias, olimpiadas de deletrear y todo ello con niños de apenas 7-8 años. ¿Pero estamos locos o qué?

Por supuesto, el único ganador era el primero…los 25 niños restantes de la clase se veían como perdedores.

¿Qué está pasando? Invertimos años en preparar a nuestros hijos para el éxito y no nos damos cuenta que la vida está llena fracasos, de decepciones, de pequeños y de grandes obstáculos, de momentos de tristeza, de duelo, de soledad. ¿Y eso es signo de debilidad de la especie humana? No; es la vida.

¿De verdad pensáis que los niños de hoy en día están preparados para afrontar dificultades? ¿Es casualidad que pediatras, psicólogos y psiquiatras infantiles cada vez tengamos más casos de depresión infantil y de ansiedad? ¿En qué cabeza cabe que un niño de 9 años se le diagnostique de Depresión o de Trastorno de Ansiedad Generalizada teniéndolo todo, supuestamente, a su alcance? Es evidente que algo no estamos haciendo bien.

Con perdón, me importa un pimiento que mi hijo sea el más rápido en cálculo mental. Lo que no consiento es que se venga abajo por ser el segundo, el tercero o incluso, porque no haya sido seleccionado entre los 10 primeros.

Lo que de verdad me importa, lo que me quita el sueño, en lo que invierto toda mi energía y esfuerzo, es en desarrollar su inteligencia emocional.

Lucho por que sea generoso, porque la empatía sea su  punto fuerte. Me desvivo porque muestre sus emociones, porque me hable de sus debilidades, porque él mismo, encuentre soluciones a sus problemas. Peleo a diario por hacer de ellos personas autosuficientes emocionalmente. No pasa nada por no ser el primero de clase si te has esforzado al máximo.

Premio el esfuerzo, la entrega, la generosidad, la lealtad, la lucha y la solidaridad. Esos son los valores vitales, los valores de vida.

¿Quién les prepara para el fracaso, para la decepción, para el desengaño? ¿Lo habéis pensado alguna vez?

La sociedad recibe con los brazos abiertos a los triunfadores, les prepara para los aplausos. Yo prefiero preparar a mis hijos para las dificultades; fortalecer su autoestima, su capacidad resolutiva, su positivismo, su espíritu de lucha. ¿Por qué valoramos tanto el éxito? Porque antes hemos pasado por un camino más o menos angosto de lucha ¿o no?

No somos máquinas. Nosotros, los padres, no lo somos, lo sabéis muy bien. No pretendas entonces que tu hijo lo sea.

No quiero que mis hijos piensen que su madre es una superwoman, siempre preparada, siempre lista para todo, siempre cantarina y perfecta. ¿Ese es el ejemplo que quiero que sigan? Y si con el paso de los años van encontrando dificultades a lo largo de sus vidas ¿Qué pensarán? “Yo no he sido capaz… Mamá se decepcionaría…No puedo mostrar debilidad. Mi madre siempre ha sido tan fuerte”

Bueno, hijos- les he dicho a mis niños en alguna ocasión- Mamá no es perfecta. Mamá también se equivoca y cuando lo hace, rectifica y pide perdón. Mamá, como todo el mundo, llora cuando está triste. Esto que ves, no es una motita de polvo en el ojo; son lágrimas, cariño”

Quiero que mis hijos vean que su madre es de carne y hueso. Que no se avergüenza por llorar o por estar un poquito triste en circunstancias puntuales, que no se esconde.

Quiero que lo vivan como algo natural… porque cuando a ellos les ocurra se acordarán de mí y lo asumirán como normal. Aceptarán su estado de ánimo y sacarán la fuerza necesaria para superar todo lo que obstaculice el camino hacia su felicidad.

Los hijos no necesitan súper-padres, ni dioses; les da igual que su papá sea médico, abogado, camarero o que esté en el paro. Los hijos quieren un padre y una madre que estén a su lado, que jueguen con ellos, que les expliquen las cosas, que les cuenten historias…que hablen su mismo lenguaje. No quieren que les colmemos de regalos materiales; es mucho más sencillo: sólo quieren tiempo junto a nosotros.

Los niños deben vernos como seres humanos, no como superhéroes, para eso ya tienen las películas. Si te equivocas con tu hijo, no pasa nada, pídele perdón:“Perdona cariño, me he equivocado. ¿Me perdonas? ¿Empezamos de nuevo?”

¿Sabes lo que supone para un hijo que sea el padre o la madre el que le diga eso? No hay mejor ejemplo.

No le des tantas órdenes a tu hijo, no le llenes de reglas. Empieza tú. Elogia su buena conducta con besos, con abrazos, con mucho, mucho cariño. No le premies con excesivos juguetes. Si se ha equivocado, dale la oportunidad de rectificar “Yo también me equivoco, cielo. Vamos a intentarlo de nuevo”.

Enseña a tus hijos a disfrutar de los placeres sencillos, en ellos está la verdadera felicidad. Suelo jugar a mis hijos a un juego que les divierte mucho en la mesa. “Que suerte tengo..”- lo he llamado.

Empiezo yo: “Que suerte tengo que hoy no trabajo y estoy aquí con vosotros desayunando”.

Mi hijo: “Que suerte tengo que mamá hoy me viene a buscar al cole y no cogeré el autobús”.

Mi hija: “Que suerte tengo que me ha tocado la tostada más grande”… Siempre terminamos riéndonos a carcajadas.

Cuéntales historias. Historias reales, de tu trabajo, de tu día a día. Estimula su imaginación, su creatividad, su empatía… Emociónate con ellos. Comparte aquellos vídeos que veas por internet que te hayan llegado hondo. Explícaselos y responde a todas sus preguntas. ¡Te sorprenderás con lo que se les ocurre!

Anímales a que sean emprendedores. A que no tengan miedo a equivocarse, sino a no intentarlo. A rectificar si van por el camino equivocado. A levantarse ellos solos si se caen. A pedir perdón y a aceptarlo también. Contra la frustración: la perseverancia, la constancia.

Y recuerda que educar no es repetir siempre las mismas palabras; educar es enseñarles a soñar, a probar, a crear, a luchar y a creer en ellos mismos.”

Fuente: http://www.piensaesgratis.com/bloggers/mama-tambien-llora-carta-abierta-a-padres-y-educadores

jueves, 11 de diciembre de 2014

La otra Navidad

IKEA España lanzó hace unos días su campaña navideña en la que afirmaban que la Navidad nos desamuebla la cabeza y que no hay nada como el hogar para volvérnosla a amueblar. Pues bien, continuando con el mismo concepto, han lanzado “La otra carta”, un experimento con niños en el que pidieron que escribieran una carta a los Reyes Magos… y otra a sus padres.

La pregunta que la marca de muebles se hace es sencilla: ¿por qué nos empeñamos en regalarle siempre a los pequeños lo que no quieren? Y es que las cosas que pedían en la carta de los Reyes Magos eran bastante diferentes de las que pedían en la carta que escribieron a sus padres: pasar más tiempo juntos, jugar más al fútbol con ellos, cenar más en familia…

La sorpresa llega al final, cuando el entrevistador da a escoger a los niños entre una de las dos cartas si solo pudieran enviar una… ¿Cuál creéis que escogerán?

Fuente: http://lacriaturacreativa.com/2014/12/la-otra-carta-el-experimento-de-ikea-que-demuestra-lo-que-los-ninos-quieren-de-verdad-por-navidad/

sábado, 15 de noviembre de 2014

Cortometrajes para trabajar la Inteligencia Emocional

“Las habilidades prácticas que reúne la Inteligencia Emocional se dividen en cinco áreas: la autoconciencia, la autorregulación, la motivación, la empatía y las destrezas sociales.

Hemos querido centrarnos en la empatía proponiendo la siguiente selección de cortometrajes animados para compartir en el aula, ya sea preescolar o primaria: los estudiantes reforzarán sus habilidades, tomarán conciencia de los sentimientos y las necesidades de los demás.

1.For the birds: Cortometraje de animación de los estudios Pixar que se estrenó en 2000. La trama se desarrolla en un cable telefónico, donde 15 pájaros pequeños comienzan a burlarse de un pájaro de mayor tamaño.

 

2. Chicken or The Egg: Esta propuesta, con tintes románticos y un toque de humor, cuenta la historia de un cerdito al que le apasiona comer huevos. Pero un día se enamora de una gallina y tendrá que elegir, ¿el huevo o la gallina?

 

3. Empathise: Apenas tiene una duración de dos minutos, pero resulta de especial interés para trabajar la empatía con los más pequeños y también concienciarles sobre el cuidado de los animales.

 

4. El poder de la empatía: Es un cortometraje de la doctora en trabajo social Brené Brown, que ha dedicado parte de su trayectoria profesional a estudiar el coraje, la vulnerabilidad o la vergüenza como algunas de las dificultades que impiden que las personas conecten y se comuniquen entre sí.

 

5.Los ojos de Lena: La protagonista de esta historia es Lena, una niña de corta edad que un día visita el zoo en compañía de su madre. Pero el zoo no es el lugar que ella había pensado que sería porque los animales no reciben el trato que deberían. Lena se siente mal y decide que tiene que cambiar las cosas. “

FUENTE: http://www.educacionyculturaaz.com/educacion/cortometrajes-para-trabajar-la-inteligencia-emocional/

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Una asignatura llamada empatía

Por OLGA R. SANMARTIN:

“Los alumnos de siete años del colegio público Tinguaro de Vecindario (Gran Canaria) llevan dos semanas aprendiendo sobre el miedo. Sentados en el suelo del aula formando un círculo, los 25 chicos y chicas de 2º B hablan de monstruos, de arañas y de otras cosas que les hacen temblar.

Los alumnos de siete años del colegio público Tinguaro de Vecindario (Gran Canaria) llevan dos semanas aprendiendo sobre el miedo. Sentados en el suelo del aula formando un círculo, los 25 chicos y chicas de 2º B hablan de monstruos, de arañas y de otras cosas que les hacen temblar.

Los primeros días, Yeray confesaba un poco avergonzado que desde pequeño le daba pánico el tobogán del patio. Sus profesores le entregaron una cámara y le encomendaron la tarea de retratar las distintas emociones de sus compañeros. Él se fue directo a fotografiar el tobogán. Los niños pasaron las imágenes al ordenador y después las proyectaron en una pantalla. El miedo de Yeray desapareció.

La clase va precisamente de eso, de que los críos revelen, proyecten o reconozcan sus sentimientos, de que los observen y los modelen como si fueran plastilina, de que aprendan a ver dentro de sí mismos. La premisa de los profesores, Virginia Santana y David García, se basa en que es más fácil entender y manejar una emoción si ésta se visibiliza. En una de las clases, por ejemplo, utilizaron una pequeña calabaza de Halloween para que los críos se hicieran idea de las dimensiones que tienen, en realidad, las cosas que les asustan.

Se trata de la asignatura de Educación Emocional y para la Creatividad, una materia obligatoria y evaluable (la nota cuenta para la media) que este curso se da por primera vez en los colegios de Canarias. No hay ni ha habido nunca otra igual en España. Se imparte a los niños de 1º, 2º, 3º y 4º de Primaria, que tienen entre seis y nueve años de edad, y su objetivo es desarrollar la "capacidad de gestionar de manera eficiente los sentimientos utilizando la razón", de "reconocer y expresar las emociones" y de "regularlas, controlarlas y utilizarlas de forma productiva", según detalla el informe técnico que explica la razón de ser de la asignatura.

"La educación tradicionalmente ha centrado su atención en lo intelectual, ignorando completamente el plano emocional", prosigue el informe. "La escuela no puede ignorar que las emociones forman parte del ser humano y deben estar presentes explícitamente en el currículo". "Para poder gestionar adecuada y eficazmente esa esencia que somos, hay que aprenderlo. Las emociones son educables y se necesita de un espacio y un tiempo específico para que este aprendizaje se produzca".

La asignatura no tiene nada que ver con la Educación para la Ciudadanía del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ni con la de Valores que, como alternativa a Religión, ofrece el Ejecutivo de Mariano Rajoy. En realidad, se sirve de conceptos de los que han hecho bandera tanto el PP -"el espíritu emprendedor"- como el PSOE -"aprender a aprender"- en un currículum en el que se mezclan la empatía con la frustración, la resiliencia con la impulsividad, la autorregulación con la superación de las dificultades...

Todo ello, en unas clases en las que el libro de texto y las fichas han sido desterrados. Hay dramatizaciones, juegos, cuentos y, sobre todo, críos que hablan todo el rato de lo que les pasa. ¿Y qué les pasa? ¿Tienen los niños de hoy en día un problema con el control de sus emociones que justifique la creación de esta materia?

"Vivimos en una sociedad globalizada por la tecnología en la que se tiende al aislamiento. Los periódicos de hoy en día no estarían tan llenos de noticias originadas en conflictos interpersonales no resueltos si tuviésemos la capacidad de gestionar los inconvenientes que nos vamos encontrando en nuestra vida. Tenemos que conocernos mejor a nosotros mismos", responde Montserrat Gálvez, responsable del Servicio de Ordenación Educativa de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias y coordinadora del equipo que ha elaborado el currículum de esta asignatura.

Esta profesora explica que el origen de Emociones y Creatividad (a veces se llama así, para abreviar) hay que buscarlo en un programa del Gobierno canario que introducía en Primaria "parejas pedagógicas" -dos profesores por clase- "para facilitar la transición" de los niños que acababan de dejar Infantil. "Estaba enfocado a desarrollar la creatividad de los alumnos y a fomentar el aprendizaje natural mediante el juego", recuerda. El invento tuvo éxito y la idea de las parejas pedagógicas se trasladó a una nueva asignatura que, según detalla el currículum, tiene tres partes. La primera se refiere a la "alfabetización emocional" y pretende que los alumnos conozcan lo que sienten al tiempo que atienden las emociones de sus compañeros.

La segunda es la llamada "regulación emocional", que les enseña a relacionarse y a resolver conflictos. La tercera es la creatividad propiamente dicha. Los niños tienen clase de Emociones y Creatividad dos veces a la semana, en sesiones de 45 minutos. La asignatura de Lengua ha perdido dos sesiones a lo largo de la etapa respecto al currículo de 2007, mientras que Matemáticas tiene una sesión menos en toda la etapa.

Montserrat Gálvez defiende que todo se recupera en la nueva asignatura, en la que se trabajan al mismo tiempo la competencia lingüística y la competencia de resolución de problemas, pero "desde un punto de vista creativo". También se fomenta el espíritu emprendedor y la competencia digital. Victoria Soto, profesora de Emociones y Creatividad del colegio público San Andrés de Santa Cruz de Tenerife, cuenta que, en su clase, a los niños de 3º de Primaria (ocho años) les enseña a ser autónomos, a dar las gracias, a mirar siempre a los ojos del interlocutor y a poner palabras a lo que van sintiendo.

¿Y todo esto qué provoca en los críos? "Estos alumnos van a saber reconocer sus propias emociones y van a poder controlarlas, que no es reprimirlas, sino ser conscientes de ellas. A mí los niños me dicen: 'Profe, me gusta cómo me siento en esta clase'". Algo parecido apunta el currículum: "El alumnado que es más feliz, confiado, asertivo, resiliente, original, innovador, audaz, equilibrado... tiene más éxito en la escuela y en la vida".

Los primeros días, Yeray confesaba un poco avergonzado que desde pequeño le daba pánico el tobogán del patio. Sus profesores le entregaron una cámara y le encomendaron la tarea de retratar las distintas emociones de sus compañeros. Él se fue directo a fotografiar el tobogán. Los niños pasaron las imágenes al ordenador y después las proyectaron en una pantalla. El miedo de Yeray desapareció.

La clase va precisamente de eso, de que los críos revelen, proyecten o reconozcan sus sentimientos, de que los observen y los modelen como si fueran plastilina, de que aprendan a ver dentro de sí mismos. La premisa de los profesores, Virginia Santana y David García, se basa en que es más fácil entender y manejar una emoción si ésta se visibiliza. En una de las clases, por ejemplo, utilizaron una pequeña calabaza de Halloween para que los críos se hicieran idea de las dimensiones que tienen, en realidad, las cosas que les asustan.

Se trata de la asignatura de Educación Emocional y para la Creatividad, una materia obligatoria y evaluable (la nota cuenta para la media) que este curso se da por primera vez en los colegios de Canarias. No hay ni ha habido nunca otra igual en España. Se imparte a los niños de 1º, 2º, 3º y 4º de Primaria, que tienen entre seis y nueve años de edad, y su objetivo es desarrollar la "capacidad de gestionar de manera eficiente los sentimientos utilizando la razón", de "reconocer y expresar las emociones" y de "regularlas, controlarlas y utilizarlas de forma productiva", según detalla el informe técnico que explica la razón de ser de la asignatura.

"La educación tradicionalmente ha centrado su atención en lo intelectual, ignorando completamente el plano emocional", prosigue el informe. "La escuela no puede ignorar que las emociones forman parte del ser humano y deben estar presentes explícitamente en el currículo". "Para poder gestionar adecuada y eficazmente esa esencia que somos, hay que aprenderlo. Las emociones son educables y se necesita de un espacio y un tiempo específico para que este aprendizaje se produzca".

La asignatura no tiene nada que ver con la Educación para la Ciudadanía del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ni con la de Valores que, como alternativa a Religión, ofrece el Ejecutivo de Mariano Rajoy. En realidad, se sirve de conceptos de los que han hecho bandera tanto el PP -"el espíritu emprendedor"- como el PSOE -"aprender a aprender"- en un currículum en el que se mezclan la empatía con la frustración, la resiliencia con la impulsividad, la autorregulación con la superación de las dificultades...

Todo ello, en unas clases en las que el libro de texto y las fichas han sido desterrados. Hay dramatizaciones, juegos, cuentos y, sobre todo, críos que hablan todo el rato de lo que les pasa. ¿Y qué les pasa? ¿Tienen los niños de hoy en día un problema con el control de sus emociones que justifique la creación de esta materia?

"Vivimos en una sociedad globalizada por la tecnología en la que se tiende al aislamiento. Los periódicos de hoy en día no estarían tan llenos de noticias originadas en conflictos interpersonales no resueltos si tuviésemos la capacidad de gestionar los inconvenientes que nos vamos encontrando en nuestra vida. Tenemos que conocernos mejor a nosotros mismos", responde Montserrat Gálvez, responsable del Servicio de Ordenación Educativa de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias y coordinadora del equipo que ha elaborado el currículum de esta asignatura.

Esta profesora explica que el origen de Emociones y Creatividad (a veces se llama así, para abreviar) hay que buscarlo en un programa del Gobierno canario que introducía en Primaria "parejas pedagógicas" -dos profesores por clase- "para facilitar la transición" de los niños que acababan de dejar Infantil. "Estaba enfocado a desarrollar la creatividad de los alumnos y a fomentar el aprendizaje natural mediante el juego", recuerda. El invento tuvo éxito y la idea de las parejas pedagógicas se trasladó a una nueva asignatura que, según detalla el currículum, tiene tres partes. La primera se refiere a la "alfabetización emocional" y pretende que los alumnos conozcan lo que sienten al tiempo que atienden las emociones de sus compañeros.

La segunda es la llamada "regulación emocional", que les enseña a relacionarse y a resolver conflictos. La tercera es la creatividad propiamente dicha. Los niños tienen clase de Emociones y Creatividad dos veces a la semana, en sesiones de 45 minutos. La asignatura de Lengua ha perdido dos sesiones a lo largo de la etapa respecto al currículo de 2007, mientras que Matemáticas tiene una sesión menos en toda la etapa.

Montserrat Gálvez defiende que todo se recupera en la nueva asignatura, en la que se trabajan al mismo tiempo la competencia lingüística y la competencia de resolución de problemas, pero "desde un punto de vista creativo". También se fomenta el espíritu emprendedor y la competencia digital. Victoria Soto, profesora de Emociones y Creatividad del colegio público San Andrés de Santa Cruz de Tenerife, cuenta que, en su clase, a los niños de 3º de Primaria (ocho años) les enseña a ser autónomos, a dar las gracias, a mirar siempre a los ojos del interlocutor y a poner palabras a lo que van sintiendo.

¿Y todo esto qué provoca en los críos? "Estos alumnos van a saber reconocer sus propias emociones y van a poder controlarlas, que no es reprimirlas, sino ser conscientes de ellas. A mí los niños me dicen: 'Profe, me gusta cómo me siento en esta clase'". Algo parecido apunta el currículum: "El alumnado que es más feliz, confiado, asertivo, resiliente, original, innovador, audaz, equilibrado... tiene más éxito en la escuela y en la vida".”

 

Sobre el mismo tema, desde el punto de vista de una madre, Ana Sáenz de Miera:

“Estoy embarazada de mi tercera hija; ya en el séptimo mes y con una tripa notoria. Y cada vez que me subo al metro para volver a casa del trabajo, con el vagón abarrotado, observo cómo la gente, al verme entrar, gira la cabeza hacia otro lado. Mejor dicho, gira la cabeza hacia su Smartphone para evitar ver a una embarazada a un metro de distancia, a quien saben deberían dejarle el sitio. Son muy pocas personas las que me miran a los ojos y se levantan para dejarme su asiento. No sé si saben chino, programación o son buenas en matemáticas. Pero hay algo que sí tienen en común todos ellas: empatía. Empatía de esa que te mueve y te lleva a hacer algo por el otro. Empatía en acción.


Esa es la empatía que mueve a las personas a hacer cosas por los demás. A construir un paritorio en Camerún, a donar su tiempo y esfuerzo por una causa común. La que mueve a un joven a montar una iniciativa social en su colegio.


Pero la cosa no queda aquí. La empatía en acción, en contra de lo que se piensa, no solo es buena porque ayuda a los demás. La empatía es esencial para tener éxito personal. La empatía es la que hace que una persona trabaje bien en equipo, que un líder sea bueno, que una empresa enfoque sus servicios a las verdaderas necesidades del cliente, o que un joven sepa cómo actuar en una entrevista de trabajo.


La empatía no surge solo cuando uno mira a su entorno. La empatía nos hace mirar de otra forma a nuestro entorno, fijándonos en las necesidades y preparando la acción.
De nada sirve que alguien sea un buen orador, si no es capaz de darse cuenta de que lo que está comunicando no interesa. La empatía en acción nos lleva a innovar y nos hace más pragmáticos y exitosos. Más felices. Y, además, ayuda a que el mundo vaya mejor.
La buena noticia es que la empatía se puede aprender y practicar. Existen emprendedores sociales, como la canadiense Mary Gordon, que ya están impulsando la empatía en escuelas desde hace casi 20 años y demostrando con resultados tangibles los beneficios objetivos de la empatía.


Pero no hace falta irse tan lejos. Existen colegios en España que están trabajando la empatía en acción con sus alumnos y logrando resultados excelentes. Este curso, por primera vez, los niños de primaria en Canarias tendrán la suerte de cursar la asignatura –obligatoria y evaluable- "Educación Emocional y para la Creatividad", donde dos veces a la semana trabajarán la empatía y otras emociones.

A día de hoy, este tipo de indicadores no computa en los rankings de los top 100 colegios de España, que desgraciadamente siguen centrados en los resultados académicos. Pero si todos nos concienciamos de su importancia - como en su día pasó con la alfabetización- y empezamos a demandarlo y a practicarlo, las cosas cambiarán.
Yo quiero que mis hijas aprendan empatía. Para que no giren la cabeza hacia otro lado. Para que sean personas activas a las que sí les importa lo que pasa ahí fuera, y se movilicen por ello. Para que tengan éxito personal y profesional. Y para que cuando vayan a China, sean capaces de entender a los locales con solo mirarles a los ojos.”

FUENTES:

http://www.elmundo.es/espana/2014/11/03/5456aa0aca4741b5118b457e.html

http://www.forbes.es/actualizacion/2489/por-que-quiero-que-mis-hijas-aprendan-empatia-en-vez-de-chino

viernes, 31 de octubre de 2014

Me niego a ser la agenda de mi hija por el whatsapp

Por Noelia López Cheda:

“Recuerdo la primera vez que envié y recibí los deberes que se había olvidado Enma por el grupo de wahtsapp de las “madres” del cole.

“¡Qué maravilla esto!” pensé inocente de mi sin saber entonces que se iba a convertir en un monstruo que me engulliría en una vorágine de mensajes a partir de las 6 de la tarde con listado de tareas unido a mil fotos de los libros, ejercicios…que me saturaban el espacio del teléfono y cuando tenía que hacer una foto me decía: “memoria llena”.

El día que VI LA LUZ lo recuerdo con bastante claridad. Fue así:

- Enma: “mamá se me ha olvidado la hoja de los ejercicios de matemáticas, ¿lo dices en el grupo y que te lo manden?”.

Yo como madre solícita, amantísima y servicial me dispuse a hacerlo mientras dejaba las llaves en la entrada, soltaba el bolso en la silla, me sacaba el teléfono del bolsillo y dejaba la bolsa de la compra en el suelo. ¡”Multitasking” en acción!

Entonces algo me paralizó. Fue algo así como UN BOFETÓN DE REALIDAD. Me quedé mirando el teléfono a la vez que veía varios emails de clientes parpadeando en la pantalla y entonces COMPRENDÍ.

Pero ¿qué narices estoy haciendo? pensé. SE ACABÓ.

  • Enma cariño, no es mi responsabilidad que se te hayan olvidado los deberes, es la tuya, por lo tanto mañana dices a la profesora que no los llevas porque se te olvidaron y que la próxima no se te olvidarán.
  • Pero ¡¡¡mamá!!!! ¡¡me pondrá mala nota!!!!!
  • No pasa nada, la próxima seguro que ya no te la pone.
  • Y ¿por qué no lo pides al grupo CON LO FÁCIL QUE ES?
  • Pues precisamente porque ese grupo no está para ser el paralelo de tu agenda sino para cosas urgentes del colegio. Tú no debes confiar en que el móvil de tu madre responda a tus olvidos ya que, es tu responsabilidad traer tu agenda con tus ejercicios. Yo tengo mi agenda y no te pido a ti que me recuerdes si tengo que responder a un cliente, si tengo que preparar un material….así que cada uno debe asumir su parte.

Lo entendió perfectamente y ya nunca más me ha pedido nada de eso a pesar de los olvidos que, tengo que decir, son bastante frecuentes.

¿Qué estamos consiguiendo con ser agendas o ayudantes particulares en todo momento de nuestros hijos? Lo de los deberes eternos en casa es otro tema (tengo muchos debates sobre deberes SÍ o deberes NO), voy al tema particular de asumir todo movimiento que hacen nuestros hijos como si fuéramos los ángeles protectores perpetuos tengan la edad que tengan.

Lo que conseguimos es básicamente esto y la lista daría para mucho: 

  • Niños que no asumen ningún tipo de responsabilidad para su edad.
  • Niños que les da miedo hacer cualquier cosa porque tienen nuestros ojos encima por si se equivocan, porque nosotros se lo vamos a hacer mejor.
  • Niños que prefieren poner la atención en otras cosas, porque para éstas “ya está mamá”.
  • Niños que cuando crezcan solo esperarán instrucciones y órdenes para empezar a actuar. ESTO ES CLAVE.

Una de las competencias que más trabajo con diferencia en empresas en formaciones y talleres además de ponencias, es la PROACTIVIDAD E INICIATIVA. Se trabaja también desde la competencia del conocimiento personal, conocimiento de fortalezas y autoconfianza por lo que si no “practicamos” con estas pequeñas cosas desde pequeños, no esperemos que lo hagan de mayores “señores futuros empresarios que van a contratarlos” (sí, los adultos que leéis, ¿qué pedimos en los trabajadores o en nuestros compañeros de trabajo? Esto mismito..)…

- No soy mala madre si no hago de agenda, soy madre irresponsable si no educo para que mis hijos sean independientes y autónomos, 

- No soy mala madre por no sentarme con ella/ellos a hacer los deberes, soy madre irresponsable si no les brindo ayuda o apoyo emocional y de empuje cuando tengan realmente grandes dificultades.

- No soy mala madre por no estar supervisando absolutamente TODO paso que realice mi hija (el peque en este tema todavía no llega, seamos conscientes de las edades), soy una madre irresponsable si desconozco dónde se mueve y con quién se mueve mi hija , que tiene cierto matiz diferente.

Hay estrategias de sobra para trabajar con ellos a estas edades, venga ánimo, que tenemos que hacer generaciones mejores que la nuestra, es fácil con un poco de reflexión y confianza.”

Fuente: http://noelialopezcheda.wordpress.com/2014/10/30/me-niego-a-ser-la-agenda-de-mi-hija-por-el-whatsapp/

viernes, 10 de octubre de 2014

Finlandia: el número 1 en Educación en Europa

Los niños finlandeses de hoy estarán el día de mañana entre los profesionales más preparados del mundo. No lo predice ninguna bola de cristal, lo auguran datos objetivos. Desde que la OCDE comenzara en el año 2000 a elaborar su informe PISA, Finlandia ha acaparado los primeros puestos del podio en Europa por su excelente nivel educativo.

Apenas un 8% de los alumnos finlandeses no terminan sus estudios obligatorios (en España uno de cada tres jóvenes dejan sus estudios antes de acabar la enseñanza secundaria). Dispuesto a dar con la clave del éxito finlandés, el psicólogo escolar y entonces director del colegio Claret de Barcelona, Javier Melgarejo, comenzó a estudiar su sistema educativo hace más de una década. Su primera sorpresa fue constatar que a los 4 y 5 años menos de la mitad de los niños finlandeses acuden a guarderías y no empiezan el colegio hasta los 7 años. Dos años después, sus puntuaciones son mejores que el resto de los países estudiados por la OCDE.

Durante los primeros seis años de la primaria los niños tienen en todas o en la mayoría de las asignaturas el mismo maestro, que vela por que ningún alumno quede excluido. Es una manera de fortalecer su estabilidad emocional y su seguridad. Hasta 5º no hay calificaciones numéricas. No se busca fomentar la competencia entre alumnos ni las comparaciones.

La educación gratuita desde preescolar hasta la universidad incluye las clases, el comedor, los libros y hasta el material escolar aunque si alguien lo pierde está obligado a pagárselo. La jornada escolar suele comenzar sobre las 8,30-9 de la mañana hasta las 3 de la tarde, con el paréntesis del almuerzo a las 12-12,30 horas. En total, suman 608 horas lectivas en primaria, frente a las 875 horas de España, con deberes en casa que no son excesivos. ¿Cómo consiguen mejores resultados en menos tiempo?

«El éxito finlandés se debe a que encajan tres estructuras: la familia, la escuela y los recursos socioculturales (bibliotecas, ludotecas, cines...)», explica Melgarejo. Los tres engranajes están ligados y funcionan de forma coordinada. «Los padres tienen la convicción de que son los primeros responsables de la educación de sus hijos, por delante de la escuela» y complementan el esfuerzo que se hace en el colegio.

«En Finlandia el 80% de las familias van a la biblioteca el fin de semana», añade el psicólogo escolar catalán, para quien este estímulo de la lectura en casa resulta fundamental. El sistema social finlandés contribuye con numerosas ayudas oficiales a las familias, que pueden conciliar su trabajo y la atención a sus hijos.

Existe una herencia cultural luterana basada en la responsabilidad que fomenta la disciplina y el esfuerzo, a la que también acompaña una climatología que empuja a encerrarse en casa, pero estos factores también están presentes en otros países vecinos, como Suecia o Dinamarca, que disfrutan de mayor nivel económico y sin embargo figuran varios puestos por debajo en PISA. «No son las variables socioeconómicas las determinantes», subraya Melgarejo.

De maestros, los mejores

La diferencia radica en la elevada calificación académica del profesorado en Finlandia, principalmente en educación primaria. «Los finlandeses consideran que el tesoro de la nación son sus niños y los ponen en manos de los mejores profesionales del país», destaca el exdirector del colegio Claret de Barcelona.

Los mejores docentes se sitúan en los primeros años de enseñanza, donde se aprenden los fundamentos de todos los posteriores aprendizajes. Se considera que hacia los 7 años el alumno se encuentra en la fase más manejable y es cuando realiza algunas de las conexiones mentales fundamentales que le estructurarán toda la vida. Por eso, se considera esencial seleccionar a quien ayudará en este proceso.

Para ser maestro se necesita una calificación de más de un 9 sobre 10 en sus promedios de bachillerato y de reválida y se requiere además una gran dosis de sensibilidad social (se valora su participación en actividades sociales, voluntariado...). Cada universidad escoge después a sus aspirantes a profesores con una entrevista para valorar su capacidad de comunicación y de empatía, un resumen de la lectura de un libro, una explicación de un tema ante una clase, una demostración de aptitudes artísticas, una prueba de matemáticas y otra de aptitudes tecnológicas. «Son las pruebas más duras de todo el país», asegura Melgarejo. Al proceso de selección le sigue una exigente licenciatura y periodos de prácticas.

No es de extrañar que los profesores estén muy bien considerados socialmente en Finlandia. «Es un honor nacional ser maestro de Primaria», aseguró el pasado 25 de septiembre en Madrid Jari Lavonen, director del Departamento de Formación al Profesorado de la Universidad de Helsinki.

Harri Skog, secretario de Estado de Educación de Finlandia desde 2006, resumía en una frase la importancia de este proceso: «La educación es la llave para el desarrollo de un país». Por eso el país nórdico dedica del 11 al 12% de los presupuestos del estado y los ayuntamientos a financiar este modelo de educación. «Es una política inteligente que les está dando fruto», considera Melgarejo, sin las presiones de Corea o Japón, otros países destacados en PISA.

Autor: M.Arrizabalaga

Fuente: http://www.abc.es/20121008/familia-educacion/abci-consigue-finlandia-numero-educacion-201210011102.html